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2 de julio de 2013

RETRATO DEL PATIO ANDALUZ


Una pintura, un retrato, es un pedazo de historia robada al dios Cronos. Una lección de la que se puede extraer valiosa información que nos ayuda a entender el pasado, analizar el presente y una pequeña ventana a lo que puede ser el futuro. En este post he seguido las pinturas de Julio Romero de Torres para aprender un poco más sobre el patio, ver que plantas se utilizaban en el pasado, la disposición de las macetas sobre el suelo y algo más… constatar que la figura de la mujer es fundamental en el patio, el estilo de jardinería propio de mi tierra.
Mujer asomada al jardín o el umbral
En mi post sobre el diseño de paisajes a través del pincel de Van Gogh escribí sobre cómo se puede utilizar los conceptos de espacio y proporción en el arte de pintar un lienzo para crear un jardín. Utilizar los recursos pictóricos del pintor holandés en el cuadro Campo salvaje con cipreses para romper la monotonía visual de un jardín introduciendo un elemento vertical.

Pero de la pintura también se pueden extraer otras informaciones de interés que nos pueden resultar de utilidad para crear y diseñar jardines. Los cuadros del pintor cordobés Julio Romero de Torres son un retrato de la vida social en una época concreta. Unas pinturas de las que se puede extraer como eran los patios a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como era el ecosistema social que había a su alrededor e, incluso, de las especies vegetales características de estos particulares jardines andaluces.

Julio Romero de Torres le dio a toda su obra un papel protagonista a la feminidad, por eso en la mayoría de sus cuadros la mujer es la referencia a la que se dirigen todas las miradas. En los cuadros sobre patios ocurre lo mismo. La mujer aparece en el primer plano junto al umbral del patio, una puerta abierta a la madre naturaleza, donde la mujer es el nexo de unión entre la casa y el jardín.

Yo también he considerado siempre que las mujeres son las protagonistas en el patio. En general porque las mujeres siempre han estado más vinculadas a la casa, a las tareas del hogar, y cuidar de algunas gitanillas, claveles o mirtos, era el único vínculo que existía para ellas entre lo natural y el hogar. Una conexión de la mujer con la naturaleza que en estas pinturas se hace a través de varios planos que transmiten profundidad a la imagen.

Otro elemento que llama la atención en estos cuadros es la presencia de Musa paradisiaca como eje central en estas pinturas, planta a través de la cual se va desarrollando la escena. M. paradisiaca en la cultura india representa la fertilidad y la prosperidad o, tal vez, el pintor cordobés trata de simbolizar el paraíso. El patio, el jardín como idea del paraíso perdido, algo muy común en el jardín hispano-árabe, algo de lo que el patio es heredero en muchos de sus elementos.

Patios con peristilos, macetas de barro cocido, un muro al final de la pintura marcando el límite del espacio, la huerta… elementos todos comunes con estos jardines del pasado, que se hacen muy presentes, gracias a la mano hábil de un poeta del pincel.

Cuadros que nos hablan sobre patios y jardines, que nos cuentan como la mujer es el primer elemento y tras ella la naturaleza y la vida. Escalones nos elevan a un plano superior, el del jardín, y una vez allí macetas o tiestos que aparecen en el suelo del patio dispuestos es una línea diagonal. Característica que utiliza Julio Romero de Torres para hacernos sentir la importancia del plano del suelo, un recurso que estructura la dinámica de la composición y conforma los trazos que finalmente darán como resultado la imagen del patio.

Finalmente esta línea diagonal nos conduce en una línea visual hasta el límite del espacio, que queda claramente marcado en un muro, donde algunos frutales descansan para poner fin a la pintura y al patio.

Otro aspecto importante a tener en cuenta en estas pinturas son las especies que aparecen plantadas y los elementos decorativos que también tienen su lugar en la composición dibujada.

Naranjos, claveles, rosas, geranios, jazmín o mirto pueden apreciarse en estos cuadros, además de M. paradisiaca antes comentada. Macetas de barro cocido, cantaros colgados en la pared o pies de forja que contienen macetas con su correspondiente geranio. Elementos vegetales y decorativos que se encuentran retratados en estos cuadros de escenas femeninas robadas al pasado, que se hacen presentes gracias al genial trazo de Julio Romero de Torres.  
La siesta

 
Mal de amores

Mujer en la huerta con pozo
Pereza andaluza
 

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