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8 de mayo de 2014

El increíble pero cierto sueño de las semillas

Pensé que las semillas de sabina silvestre que recolecté me iban a salir remolonas. No es como el caso de la esparraguera silvestre que germinó hace tiempo y ya las pequeñas plántulas saludan o, mejor dicho, se esconden de los rayos del sol. Es curioso que siendo la semilla el método ideal de propagación de una especie vegetal  algunas de ellas se han provisto de diversos mecanismos de latencia que los sume en un letargo. Como pensé que le había ocurrido a la sabina silvestre.

Gálbulo globoso de la sabina negral (Juniperus phoenicea)

Estos mecanismos de latencia no es que sean malos para la especie en cuestión, es más bien  todo lo contrario. La latencia permite a las semillas, por ejemplo, dilatar la germinación en el tiempo a la espera de condiciones favorables o dispersar las semillas en el espacio para ocupar nuevos lugares donde habitar. Claro que cuando has recolectado las semillas porque quieres comprobar cómo se comporta esa especie en condiciones controladas para ver su valor ornamental en el jardín, la espera puede resultar excesivamente larga.

Según las tablas que he consultado, en el caso de la sabina (Juniperus phoenicea) que recolecté, si la hubiera sembrado en otoño como la esparraguera, hubiera tenido que esperar hasta una segunda primavera para verla germinar. Pero es que si la hubiese sembrado en esta primavera tendría que esperar igualmente a la próxima primavera para ver como las plantas rompen la costra superficial del sustrato y acarician la luz del sol.

No sería serio preguntarse con qué sueñan las semillas. En cambio, la pregunta se vuelve mucho más interesante cuando nos preguntamos por qué duermen las semillas. Duermen porque es una adaptación que les permite seguir siendo viables durante prolongados periodos de tiempo, que pueden ser incluso años.

La latencia de las semillas puede ser impuesta por las condiciones ambientales que la rodean no le resulten propicias, o bien, puede ser una latencia orgánica de la propia semilla según la cual no germinan aunque las condiciones ambientales sean favorables. En el caso de una siembra controlada en cultivo, donde las condiciones se presuponen adecuadas para la germinación, solo puede significar que el sueño en el que viven las semillas se deba una latencia del tipo orgánico.

No obstante, para las latencias orgánicas, podemos provocar el despertar de las semillas por distintos métodos según su dormancia se deba a causas físicas, mecánicas o químicas.

La latencia física se debe a la impermeabilidad que presentan algunas cubiertas al paso de los gases y el agua; elementos que provocan la reacción química necesaria para que comience la germinación. Se puede superar mediante tratamiento con ácidos, normalmente sulfúrico, sometiéndolas a una exposición prolongada de entre 20 y 60 minutos. Una vez transcurrido este tiempo se hace necesario lavar las semillas con agua abundante.

Otros sistemas para superar la latencia física menos drásticos son la inmersión en agua caliente a una temperatura entre 75 y 100 ºC, dejando enfriar después durante 12 horas, la inmersión en agua ambiente durante un período entre 24 y 48 horas y, por último, podemos acabar con la latencia física con una escarificación mecánica mediante lijado.

La latencia mecánica es debida a la resistencia que presentan las cubiertas al crecimiento del embrión. Se supera extrayendo el embrión tras destruir las mencionadas cubiertas.

La latencia química  se debe a la presencia de sustancias inhibidoras de la germinación en el pericarpio o parte carnosa del fruto. Se puede superar con una estratificación caliente-frio, aunque el sistema más extendido es la estratificación frío-húmeda que se aplica mezclando las semillas con un material inerte, que bien puede ser perlita, vermiculita, arena, o papel, y conservarlas a 4º C durante 60 y 90 días. Yo iba a probar este sistema con algunas semillas de la sabina, a ver qué tal resultaba. Hubiera comparado, tras sembrarlas, como se comportan las que han recibido el tratamiento y las que no.

Es curioso que siendo la sabina negral una conífera que puede alcanzar la forma de arbusto o arbolito de hasta cuatro metros de altura, a pesar de vivir naturalmente en arenales y dunas costeras donde es capaz de resistir la sequía o el viento, su semilla se protege de estas duras condiciones permaneciendo en una cándida dormancia.

Un último consejo. Un método para saber si las semillas son viables para la germinación, presenten o no latencia, consiste en sumergir las semillas en agua. Las que floten porque presentan pocas reservas o estén huecas por haber sido parasitadas, habrá que eliminarlas pues son las inviables. Esto último es lo que ocurrió con las semillas de sabina. Al sumergirlas en agua todas flotaron. El orificio de salida de la polilla que flotaba en el agua, aunque minúsculo, era aún visible. Tendré que esperar a una mejor ocasión. Ah! Y con respecto a la latencia, aunque no está de más tratar a nuestras plantas con cariño, besar a la semilla como a la princesa para que despierte no funciona ;)   

Sabina negral (Juniperus phoenicea)

Prueba de viabilidad de semillas sumergiéndolas en agua 


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