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11 de septiembre de 2014

Visitas inesperadas y sueños que no terminan

¿Dónde terminan los sueños? Me sorprende comprobar que mi pequeño rincón de plantas experimentales acoja con tanta asiduidad distintos tipos de individuos. Además de los pulgones que han estado dando la lata a mi galán de noche (Mirabilis jalapa) todo el verano, han aparecido moscas blancas y alguna que otra caracola. 

Libélula sobre hoja de barrón (Ammophila arenaria)  

A pesar de autodenominarme “paisajista” no cuento con un jardín demasiado extenso. El lugar donde se ubica mi despacho es la azotea de un viejo edificio de Sevilla, eso sí, es un lugar lo suficientemente amplio como para albergar plantas en contenedor que me entretienen, mantengo lo necesario y me abstraigo un poco del mundo mientras las observo crecer.

En contraste a mi pequeño jardín, dentro de mi despecho, colgado en la pared, tengo un enorme lienzo de la Puerta de Marchena de los Reales Alcázares de Sevilla, que me recuerda que esto del paisajismo puede llegar a constituir espacios grandes, sobrecogedores, o espacios muchos más pequeños, humildes, pero con un nexo de unión común donde residen los pequeños detalles que finalmente se manifiestan en la belleza de una sencilla flor o en el murmullo del correr del agua.

Uno de mis sueños es ver convertirse mi jardín en algo más que un proyecto nacido de las elucubraciones de mi traviesa y caprichosa imaginación. Y el sueño está empezando a germinar; al igual que crece y se desarrolla el barrón (Ammophila arenaria), una gramínea que crece en los sistemas dunares situados mirando al mar, en litoral sureste de la Península Ibérica. Una de las plantas silvestres que obtuve recolectando las semillas hace un año para sembrarlas y ver cómo se comporta en situación contralada dentro de un espacio verde.

Siempre quise tener gramíneas, muy utilizadas en jardinería en otras latitudes por el dinamismo que presentan al mecerse suavemente con el viento. Elegí el barrón porque es una planta que teóricamente crece bien en la zona donde vivo y supuse que, al encontrase perfectamente adaptada a las condiciones climáticas, no me supondría un enorme costo en cuestión de tiempo mantenerlas. Por lo pronto el experimento ha salido regular porque de todas las semillas que sembré solo germinaron dos, aunque ya se encuentran tan crecidas, propagándose por rizomas, que en breve ocuparan toda la superficie del recipiente.

Asociadas a los sistemas dunares donde habita el barrón podemos encontrar libélulas revoloteando entre las variadas acumulaciones de agua que existen como bien pueden ser las lagunas y marismas de las que hablaba en mi anterior post sobre el Jardín Botánico “Dunas del Odiel.

Las libélulas son insectos que necesitan de la superficie del agua calma de un estanque para poder completar su ciclo reproductivo y parece ser que también disfrutan de posarse durante su vuelo en las hojas de gramíneas y moverse sobre éstas al ritmo que les marca el viento. En mi azotea no dispongo de la acumulación de agua aunque aparece cuando riego o llueve en las escasas ocasiones que lo hace aquí en Sevilla.

Por este motivo no esperaba encontrarme con libélulas y sin embargo lo he hecho. Apareció simplemente un día sin más, pensé que estaba de paso pero no, le gustó el barrón como lugar para establecerse y allí permaneció durante días. Un estupendo espécimen de color verde que me produjo alegría y compañía durante las horas en las que trajino frente al ordenador.

Nunca pretendí gran cosa cuando me decidí montar mi jardín en macetas en la azotea, solo un poco de entretenimiento y adquirir algo de experiencia con las plantas que cultivo. Realmente no soy un hombre muy ambicioso en lo económico, aunque es cierto que el mérito y el reconocimiento si me motivan, disfruto perdiéndome en mi vida bohemia y poeta con frecuencia, allí en el silencio que me cobija para unir palabras o plantas en pretendida armonía. Es por esto que mis sueños son sencillos y fáciles de cumplir. ¿Dónde terminan los sueños? Pues como el título de mi canción preferida, Don´t dream it´s over del grupo Crowded House, los sueños no terminan. 

Barrón (Ammophila arenaria)
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1 comentario:

  1. A mi también me ocurren a veces esas situaciones y por ejemplo me pregunto como puede aparecer de repente un abejorro en medio de mi azotea de Madrid para tomar el néctar de las borrajas. Asique encontrarse de repente por la mañana con una majestuosa libélula debe ser una experiencia muy cautivadora del jardín.

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