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4 de noviembre de 2014

Creciendo entre dinosaurios

Me fascina pensar que plantas como los helechos, el Ginkgo biloba o las coníferas ya poblaban la tierra cuando los dinosaurios caminaban por ella. Hace poco me preguntaban qué diferencia hay entre una conífera y un árbol, y la diferencia es que las primeras son más primitivas, se reproducen por semillas pero no se forman en un ovario cerrado como si ocurre en los arboles, evolutivamente más modernos, que tienen una reproducción sexual en ovario abierto, es decir, un pistilo con uno o más carpelos. Siendo más técnicos las primeras se conocen como gimnospermas y las segundas como angiospermas.

Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum)

Todo esto viene a cuento de que aun hay mucha gente que confunde a la casuarina con una conífera, o mejor dicho con un pino, pero esto no es así. La casuarina en una planta más moderna y se comprueba que no es una conífera porque lo que deberían ser las acículas no son un elemento único indivisible como ocurre con las verdaderas acículas de los pinos. Las “acículas” de la casuarina se dividen en pequeños tubitos y cada uno de estos corresponde con una hoja.

Puede parecer que estoy un poquito crítico, pero nada más lejos de la realidad. Yo soy el primero que durante años he confundido a gran cantidad de plantas con pinos. La araucaria del patio de mis abuelos siempre la habíamos llamado el árbol de Navidad y sin embargo nada tiene que ver con un abeto. Otra planta que siempre me fascino desde pequeño fue el Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum), que aunque es una conífera tampoco guarda relación con el género Pinus.

Cerca de mi casa había un parque en el que jugaba de niño que poseía un gran Ciprés de los pantanos. No me preguntéis por qué, pero ya en aquella época me gustaba coger las hojas y mirarlas tras las lentes de un viejo microscopio que heredé de mis hermanos. Un regalo de reyes. No recuerdo que esperaba descubrir, lo que sí recuerdo es que me divertía pasar las horas observando ese mundo minúsculo lleno de curiosidades.

Se ve que la cabra siempre tira al monte y al final acaba uno dedicándose a aquellas cosas que de pequeño le fascinan. Y este ciprés es una de ellas. Lo descubrirás si estas en un espacio verde o en un jardín por sus 30/35 metros de envergadura. Es imposible que pase desapercibido. Un ciprés muy curioso como conífera ya que es caducifolia; pierde sus hojas en otoño y por eso es también es conocida por ciprés calvo.

Aquí en Sevilla se adapta perfectamente bien por eso de que Hispalis, la ciudad sobre palos, posee una capa freática muy elevada, haciendo de su subsuelo un sustrato muy acuoso, que al ciprés de los pantanos puede parecer familiar con las zonas acuosas de Norteamérica de donde procede.

En toda Europa se ha vuelto una espacie muy popular en parques y jardines por estas características tan singulares que lo hacen un especie vegetal única. Una conífera capaz por sí sola de crear un paisaje único, de esos que permanecen inmutables en la memoria con el paso de los años. Si tienes la oportunidad de ver un ciprés de los pantanos te recomiendo que no te los pierdas. 

Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum)

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1 comentario:

  1. Es un árbol que me encanta. Una de las cosas por las que destaca son sus colores otoñales. La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a Polonia, y en un jardín botánico al sur de Varsovia había un bosquete espectacular de estos árboles.

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