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7 de enero de 2015

Garden Bridge: un jardín sobre el río Támesis

A cualquiera le gustaría trabajar en un proyecto de esos llamados megalíticos. Un proyecto que perdure con el paso de los años, de los siglos! significativo y que queda para la posteridad. Pero estos proyectos tienen normalmente dos vertientes, uno el ególatra, el que tiene como único fin demostrar que existe una supremacía de un único ser, denomínese faraón, dictador, emperador, rey… etc., el otro el que tiene la facultad de ser útil, práctico, para el resto de los mortales.

Fuente imagen Heatherwick Studio

Un  ejemplo del primer tipo de construcción serían las Pirámides de Keops, una de las siete maravillas del mundo antiguo, pero estas pirámides son en realidad el mausoleo de un único hombre. Sólo consiguen sobrecoger al que las contempla para dejar bien claro sobre quien recae el poder total de lo terreno y lo divino. En el otro extremo estarían las grandes obras de ingeniera de la Roma Clásica, acueductos que llevaban el agua a las ciudades y, por tanto, el agua hasta los ciudadanos, o las grandes vías, “todos los caminos conducen a roma”, que aliviaban el tránsito de números viajeros y, cómo no, a los comerciantes favoreciendo las comunicaciones.

Si una vez escribí que el proyecto de High Line de Nueva York, la transformación de las antiguas vías aéreas de ferrocarril en un paso elevado y ajardinado, acabaría por convertirse en el Versalles de nuestro tiempo, al igual que al jardín francés por antonomasia sentó precedente y un nuevo estilo de jardinería, el espacio verde neoyorkino busca la expansión del concepto de jardín elevado en este caso en Londres.

El proyecto se llama Garden Bridge y es de esas creaciones que ha necesitado de un equipo pluridisciplinar para su desarrollo. Por un lado el del arquitecto Thomas Heatherwik, el encargado de crear el pebetero olímpico de Londres 2012 y, por otro lado, el de Dan Pearson uno de mis paisajistas preferidos de la actualidad y al que sigo cada publicación que escribe sobre jardinería en el diario The Guardian
        
La idea es sencilla. En palabras de la actriz Joanna Lumley, que fue quién tuvo la inspiración para dibujar con su imaginación un lugar en el centro de Londres donde “el canto de los pájaros se fundiera con el zumbido de las abejas y con el rumor del viento entre los árboles, sobre un caudal incesante de agua”. De este germen, al que se unieron en primer lugar Heatherwik y posteriormente Dan Pearson, se desarrolló un puente ajardinado que pretende unir el norte y el sur de Londres, pero solo para viandantes, nada de coches u otros vehículos de combustión fósil.  

En su ejecución se invertirán de 180 millones de euros, de los cuales la mitad según los responsables ya han sido donados por entidades privadas, eso sí, la otra parte parece que proviene de dinero público. Hasta el Alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, lejos de mostrarse celoso de que al High Line le salga un hermano pequeño, se ha comprometido a dar un impulso personal a la idea.

Pero no todo se traduce en un apoyo tan incondicional como pudiera parecer, pues ya comienzan las primeras voces críticas al proyecto. Aspectos como el enorme coste del mismo para un paseo de cinco minutos sobre el Támesis a diferencia del largo recorrido que supone el jardín del High Line puede parecer excesivo.

Otros aspectos donde no existe conceso son el aforo limitado de 2.500 personas cuando se espera más de 30.000 un sábado normal. La posible prohibición de pasar montando en bici para no suponer un problema al paso de los viandante. En este punto sería aconsejable disponer en el propio jardín de un carril bici pero al incluirlo supondría una reducción de la superficie verde.

Y el aspecto que más me ha llamado la atención, el tema de la sostenibilidad de las plantas. Al parecer preocupa que la abundante vegetación, al estar plantada sobre un volumen tan pequeño de sustrato, tenga que recibir una gran cantidad de agua debido a la continua salida de biomasa que se producirá en el ecosistema del puente. Existe proyectado un sistema de riego para usar solo en caso de sequía, pero los grupos contrarios a la edificación del puente temen que deba permanecer en continuo funcionamiento para satisfacer las necesidades hídricas de las plantas.

Volvemos al punto de partida ¿Qué será el Garden Bridge? ¿Un proyecto pensado para engrandecer a un único hombre o un bien de uso y disfrute social? ¿Es práctico? Ya os digo que a mí me encantaría verme involucrado un proyecto de esta envergadura. No creo que en Inglaterra suponga mucho el costo hidráulico para mantener húmedo el sustrato. Es cierto que la cantidad económica sí me parece descomunal y quizás sea lo único que me mantiene reticente… incluso creo que existen aspectos técnicos que se podrían revisar para buscar el conceso de todos los usurarios. Como todo en esta vida habrá valoraciones enfrentadas y  a mí me encantaría leer tu opinión sobre el Garden Bridge al final de este post

Fuente imagen Heatherwick Studio

Fuente imagen Heatherwick Studio

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1 comentario:

  1. Quizás sería interesante darle una vuelta al proyecto, aunque a mi también me parece un gasto desorbitado. Aunque me encantaría que aquí en Madrid se pudiera promover un puente semejante para ser el colofón de Madrid Río. Y si ya sirviera como filtro para terminar de limpiar el agua del río sería uno de los proyectos más relevantes de los últimos años.

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