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24 de febrero de 2015

Horticultura vertical

Julio Verne en sus inicios fue considerado un autor de ciencia ficción. Títulos como Viaje a la luna o 20. 000 leguas de viaje submarino fueron considerados en el momento de su publicación quimeras propias de un autor con una excelsa imaginación. Al final el hombre conquistó la luna (aunque los conspiranoicos lo nieguen), y hoy en día existe más de un Capitán Nemo que se adentra en las profundidades marinas realizando viajes que pueden durar meses. Algo parecido ocurrió con Gilbert Ellis Bailey que en 1915 escribió el libro Vertical Farming donde indagó sobre la procedencia de los nutrientes del suelo y plantas con una forma de vida en vertical.

Granja Vertical de la ciudad China de Shenzhen Fuente imagen VincentCallebaut Architects

Lo cierto es que al observar las imágenes del proyecto de Granja Vertical de la ciudad China de Shenzhen parece que ese futuro que nació de las páginas G. Ellis se encuentra más próximo que nunca. La Granja Vertical de Shenzhen es una propuesta de la firma de arquitectura francesa Vincent Callebaut Architects, cuya creatividad nos muestra un espacio con residencias, oficinas, tiendas, ocio y, por supuesto, comida procedente de la misma construcción.

Nada de ciencia ficción, todo lo contrario, muy real es este otro proyecto que existe en Singapur y que se puede ver en el siguiente vídeo de journeyman.tv. Es cierto que no presenta parecido alguno con el diseño futurista anterior, es mucho más rudimentario, pero es un negocio que se encuentra en funcionamiento e, incluso, sus hortalizas son comercializadas en el supermercado como producto procedente de granja vertical.


No es casualidad que empiecen a aparecer los primeros proyectos de horticultura vertical en Shenzhen o en Singapur. Países como China son conscientes del crecimiento de la población mundial y la escasez de tierra cultivable, pues el planeta tierra, aunque nos parezca inmenso, posee recursos limitados. De la superficie terrestre total únicamente la tercera parte no yace bajo mares y océanos, a su vez, de este tercio restante no existe la posibilidad de cultivar porque el suelo sea yermo, posea exceso de pendiente, temperaturas extremas, etc.,

Aquí reside la necesidad de crear huertos en vertical, en la superpoblación mundial y en la escasez de terreno cultivable. Por esta razón se han ideado estas estructuras, capaces sostener el cultivo y resistir incidencias climáticas adversas, como puede ser el viento. Además son sistemas hidropónicos, sin suelo, de tal forma que los nutrientes necesarios para la subsistencia de la planta se encuentran en el agua y son distribuidos por los canales de riego. Horticultura vertical en continua búsqueda de vegetales que puedan vivir en estas condiciones, su hábitat natural, no seleccionando aquellos que en realidad en esta situación estarían malviviendo.

La ventaja de crear un espacio autosuficiente, capaz de producir alimentos no es única. Son espacios vegetales que pueden captar el CO2 y fijarlo durante el proceso de la fotosíntesis retirándolo de la atmósfera. Consiguen mantener constante la temperatura en el interior de la edificación pues aíslan del exterior. Más ventajas, en el caso de la granja vertical de Shenzhen, al consumirse los productos hortícolas resultantes por los propios habitantes, se eliminan costes y se reduce el uso de combustibles fósiles necesario para el transporte de los productos proporcionando un beneficio medioambiental también.

Pero no todo es positivo en una granja vertical. Recuerdo cuando estudiaba en la universidad que el profesor de producción y propagación de plantas superiores (si, todo eso es el nombre de la asignatura a la que con confianza llamamos simplemente propagación), clase donde se estudiaban entre otras disciplinas todo lo relacionado con cultivo en invernaderos, nos comentó que era posible crear un huerto en el desierto, el único requisito: mucho dinero. Y es que la construcción de un edificio con una granja vertical supone un enorme costo de dinero, así como, energético. El motivo del gasto económico es evidente. El gasto energético se debe a que al cultivar las hortalizas en vertical la luz no llega por igual a todas las partes, quedando los estratos más bajos sumidos en penumbras que hay que iluminar para el completo desarrollo de la planta. Por esta razón los cultivos siempre se han realizado en horizontal, evitando lugares montañosos donde la luz del día no llega fácil durante el día.

Así pues nos encontramos ante una encrucijada. A un lado tenemos los problemas de superpoblación y escasez de terreno cultivable, a otro lado el enorme costo energético y económico que supone crear un espacio de estas características. A mi parecer la horticultura vertical me genera una expectativa positiva en cuanto a sus virtudes, pero no deja de ser igualmente importante continuar investigando para que la ciencia deje de ser ficción y se convierta en ciencia sostenible. 

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