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9 de marzo de 2015

Gilles Clément y el jardín espontáneo

Me encuentro inmerso en la lectura del último libro sobre paisajismo que ha llegado hasta mis manos. Se trata de El jardín en movimiento de Gilles Clément y reconozco que me ha sorprendido porque, aunque habla de jardinería y paisajismo, es un libro que se sumerge en lo filosófico, planteando reflexiones sobre la verdadera autoría de un jardín. ¿Un jardín lo crea el hombre? ¿Lo crea la naturaleza y el hombre es solo una mera comparsa, el brazo ejecutor?  Y qué hay de un jardín natural, el paisaje. ¿Existe el terreno baldío, degradado o es una nueva oportunidad de la naturaleza por reclamar un espacio que le pertenece? Con tantas cuestiones y un texto donde abunda lo metafísico, no me extraña que el libro posea el Premio FAD 2013 de Pensamiento y Crítica

Paseo en el Parque André Citroën en París Fuente imagen: wikimedia commons

Gilles Clément es un botánico y paisajista francés, profesor de la Escuela de Superior del Paisaje de Versalles, y ha escrito numerosos libros sobre jardinería. También ha proyectado  numerosos jardines y parques en Francia como el Parque André Citroën en París. Por cierto, antes de que lo olvide, Gilles Clément habla castellano perfectamente y ha asistido a jornadas y simposios en el norte de España para dar ponencias y no estaría nada mal que en los eventos de flora urbana y jardinería que se producen en Andalucía se invitasen a hablar a este tipo de expertos internacionales en vez de personajes televisivos, muy conocidos, eso sí, pero que no despiertan el mismo interés en los profesionales y empresas del sector.

Sobre el jardín en movimiento yo mismo escribí un artículo pero lo hice con otro sentido, más enfocado hacia el murmullo del agua al brotar de una fuente o al movimiento que provoca el viento entre las ramas y las hojas de los árboles. En el libro de G. Clément el movimiento al que se refiere es al de la reconquista, la ocupación. Un proceso que transcurre durante años transformado un terreno baldío en origen, en un terreno con un nivel óptimo de vegetación denominado clímax.  

Hay una primera fase de colonización en los primeros siete años protagonizada por un manto herbáceo, musgo y, cuando finaliza este período, por matorral espinoso. En los siguientes años hasta llegar al que supone el número catorce, el matorral que empezaba aparecer al final del anterior período se hace dominante en detrimento del manto herbáceo,   constituyéndose de esta forma la segunda fase de la reconquista. Al final, durante la tercera y última fase que se prolonga en el tiempo hasta los cuarenta años, los arboles empiezan a germinar y con su sombra van debilitando al matorral que en su día habían protegido a estos mismos árboles cuando tan solo eran plántulas. Se crea el manto forestal. La profundidad del suelo influye considerablemente en alcanzar un estado u otro, si el suelo es poco profundo es imposible el desarrollo del manto forestal. No obstante, independientemente de la fase en que se encuentre la superficie ocupada, la vegetación se corresponde con un clímax. Y así es como un espacio, al principio baldío, es recuperado por la naturaleza.

Me llama poderosamente la atención como Gilles Clément, en lo que llama el experimento, La Vallée un jardín privado que proyectó en 1980, es capaz de combinar este tipo de jardín espontáneo con el tradicional. Un lugar donde conviven setos con topiarias y arbustos de matorral. Un jardín donde los espacios que lo constituyen se encuentran en permanente estado dinámico, cambiante, conectando cada una de estas estancias, pero diferenciándolas. La zona que en su momento pudo ser un pequeño claro en la superficie del terreno, varios años después es una zona de flores y espinosas. Movimiento en el paisaje entre las distintas fases, del manto herbáceo al forestal, de espacios baldíos a espacios de esparcimiento y recreo.

Leyendo este libro me ha hecho recordar unas fotografías que realicé hace exactamente dos años a una casa que se encuentra situada en la Avenida Manuel Siurot en Sevilla. Es una edificación que se construyó en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana que se celebró en la ciudad en el muy próximo Parque de María Luisa. De hecho, se encuentra totalmente influenciada por el estilo arquitectónico de la época. Ha pasado por varios propietarios y sé que ha sido algún tipo de negocio, no me preguntéis cual porque no he suelo fijarme en esas cosas, en cambio, sí que suelo prestar más atención a las plantas y los jardines.

He vuelto a pasar por esta casa. Lleva en venta varios años y el patio de entrada ha sido abandonado durante todo ese tiempo, creándose un profundo contraste entre la estatua de estilo neoclásico, una fuente de bronce con cuatro figuras femeninas que representan las cuatro estaciones del año y que sujetan una bandeja con ocho cabezas de león de donde surge el agua, bancos de forja con reposaderas de azulejos, palmeras phoenix, cipreses piramidales de considerable calibre, alguna buganvilla puestos allí por la mano del hombre, y los parterres con palmitos, juncia, jaramago (Diplotaxis muralis) o briofitas que salen en los caminos de forma natural. Es decir, que se ha creado un conjunto ecléctico donde convergen un jardín romántico y un manto herbáceo de la primera fase de reconquista. ¿Qué ocurrirá si le damos más años a la naturaleza para continuar su avance? Tal vez lo averigüe dentro de siete años.

Jardín de la casa situada en Avenida Manuel Siurot en Sevilla

Jardín de la casa situada en Avenida Manuel Siurot en Sevilla

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Muchas gracias por los comentarios al final del post.

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