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22 de mayo de 2015

Micorrizas: colaboración milenaria entre hongos y plantas

En las antiguas almunias de la España árabe se era consciente de la necesidad de incorporar nutrientes al suelo por el desgate y empobrecimiento que se producía en los suelos debido a la actividad de cultivos y jardines. Esta idea no era propia, se conocía que en los jardines y cultivos mesopotámicos de la antigua Persia era común abonar el suelo con compuestos sulfatados para devolver al suelo la riqueza perdida. Sí fue una idea hispanoárabe el incorporar estos abonos al agua de riego iniciándose la primara y primitiva fertirrigación.
Bosque

Sin embargo la propia naturaleza lleva milenios aprovechando la asociación entre hongos y árboles en forma de micorrizas para favorecer el aporte de abono al suelo mucho antes de que el hombre se preocupara por esta cuestión. Las micorrizas suponen una relación beneficiosa entre árboles y algunos hongos de tal manera que los primeros son capaces de mejorar la absorción de agua y nutrientes a través de las raíces y los segundos pueden obtener sustancias que necesitan para vivir pero que por sí solos no pueden sintetizar. En ambos casos los dos organismos salen ganando.

Si esta función de los hongos micorrícicos en vez de a un único árbol la trasladamos a un bosque entero y si, además, este bosque pertenece a un entorno próximo urbano, estamos consiguiendo una masa forestal cuyos arboles crecen con un mayor vigor favoreciendo su resistencia a las enfermedades y a la sequía. ¿Qué ocurre con la ciudad próxima al bosque? Que también se beneficia de poseer un bosque sano creando entornos urbanos más verdes y sostenibles. Sería algo así como trasladar el beneficio de ambos organismos, hogos y plantas, y llevarlo a una dimensión mayor donde los que se benefician ahora son los bosques y las ciudades.  

En este sentido se están realizando investigaciones encaminadas a favorecer la micorrización de los arboles en entornos forestales de las ciudades inoculando directamente el hongo a los árboles. De estos hongos algunos incluso producen setas apreciadas para consumo como por ejemplo Boletus y Tuber melanospermum (la conocida trufa). Otros hongos micorrícicos en cambio no producen setas comestibles pero siguen realizando esta función beneficiosa para los árboles generando un abono biológico natural. Dentro de estos últimos hongos están Pisolithus o Glomus. 
   
No solo los árboles presentan hongos micorrícicos, pues se estima que el 90% de las plantas terrestres presentan estos hongos que contribuyen mutuamente a realizar idéntica simbiosis. Muchas semillas ya presentan de manera natural esporas de los hongos o trozos de hifas (filamentos que componen la estructura del hongo), incorporadas al ser propagadas y enterradas. También se puede inducir la inoculación de las esporas del hongo de forma artificial sobre la testa (capa más externa) de la semilla de la planta, además seleccionando aquellas especies de hongo más adecuado para cada planta concreta y así favorecer la colaboración.

En un mundo en que cada vez se hace más necesario establecer medidas capaces proteger nuestros árboles sin el uso de sustancias químicas, sobre todo en entornos urbanos donde se aspira a crear ciudades naturalizadas, con corredores verdes que garanticen un desarrollo sostenible, podemos favorecer el crecimiento de bosques cercanos a las ciudades donde encontrarnos con árboles que crezcan con mayor vigor y protegidos contra agentes patógenos. La solución a parte del problema la posee la propia naturaleza y se trata de una colaboración entre arboles y hongos que lleva miles de años funcionando.

Boletus edulis 

Fuente imagenes: wikimedia commons   

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