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19 de mayo de 2015

Uña y diente de león

Es curioso que las dos plantas de las que voy a hablar en esta ocasión tengan en común que hacen referencia al felino león. Pero es solo eso, la primera Carpobruthus edulis, la segunda Taraxacum officinale, y ahí queda todo. Otra cosa muy diferente es que se relacionen conmigo en particular por un motivo emocional que va más allá de lo común de sus nombres.
 
Uña de león (Carpobruthus edulis

La uña de león (Carpobruthus edulis) se introdujo en España procedente de Sudáfrica como planta ornamental por su capacidad para vivir en suelos con alto contenido salino y por su capacidad de sujeción al arraigarse en sistemas dunares. Hoy en día se encuentra incluida  como Especie Exótica Invasora en el Real Decreto 1628/2011, de 14 de noviembre, por producir el agotamiento de nutrientes en los suelos donde crece arrastrándose, por ocupar la superficie de terreno en detrimento de platas autóctonas y por competir con éstas a la hora de atraer a los insectos polinizadores.

Ajeno a toda esta “invasión”, cuando era niño, la uña de león empezó a plantarse en una especie de isletas u oasis en medio de la playa. Eran pequeñas superficies onduladas,  delimitadas por una rocalla, y en su interior se plantaba alguna palmera dejando a sus pies el verde intenso, muy vivo, de las hojas de la uña de león. En ocasiones este verde era interrumpido por una delgada línea purpura en el extremo final de las llamativas hojas.

El aspecto de la uña de león no ha cambiado. El verde intenso continua “trajinado” por la playa, ha llegado a las dunas extendiéndose por toda la costa. Las flores me siguen pareciendo tan hermosas como cuando comenzaron a florecer en aquellos oasis artificiales y playeros de mi niñez, con multitud de pétalos unas veces naranjas, otras amarillos y casi siempre morados.    

Es una planta invasora, lo sé. Crea un gran desagravio en los ecosistemas autóctonos, también lo sé. Pero sigo pensando que el apelativo más acertado es planta exótica y que por ello no deja de tener el valor ornamental de antaño. En realidad considero que toda la problemática de las plantas invasoras no deja de ser un tema de desinformación del potencial peligro de estas especies. Si en el momento de la adquisición de las plantas hubiese quedado claro el problema que puede provocar y nos hubiéramos concienciado de la responsabilidad que conlleva introducir una planta exótica, se hubieran evitado muchos de los casos que hoy en día se están produciendo. Aún estamos a tiempo de evitar que se produzcan otros casos, informando en el momento de la venta o consultando a profesionales de los posibles efectos negativos que puede tener una determinada planta.

El diente de león en este artículo tiene que ver con los deseos de otro niño, pero con la misma playa. Un buen día mi hijo de cinco años me preguntó que formas había de pedir un deseo. Como soplar una vela una vez al año es mucho tiempo y ver pasar una estrella fugaz no suele ser habitual, tras enumerarle las que buenamente conocía, él se quedó con la de soplar el receptáculo del diente de león (Taraxacum officinale) que abundan ahora en primavera.

Esta especie, al contrario que la uña de león, si es de procedencia europea pero se ha extendido a casi todos los continentes por lo que en otros lugares es considerada exótica y aquí… bueno, aquí se le ha conocido siempre como una “mala hierba” o “maleza” o, como me gusta denominarla a mí, una “hierba espontánea” por jardineros y agricultores así pues, llegados a este punto, definitivamente el problema real no es lo invasiva que pueda llegar a ser una determinada planta, sino de lo inoportuna que puede ser según el lugar donde aparezca y de a quién se le aparezca.

Un galimatías de nomenclaturas y definiciones al que mi hijo, al igual que yo cuando tenía su edad, permanece ajeno mientras sopla con entusiasmo todos los dientes de león que se encuentra por el camino de madera que atraviesa las dunas y que nos lleva hasta la playa. Para él esta planta no es ni mala, ni invasora, ni espontánea, ni exótica, ni autóctona. Para él esta planta es un tesoro, una fuente inagotable de pedir un deseo tras otro.  

Diente de león (Taraxacum officinale

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