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3 de junio de 2015

El jardín venenoso de Alnwick

Hace tiempo que tuve noticia de la existencia de un jardín de lo más extravagante, el jardín venenoso de Alnwick. Precediendo al Castillo de los Duques de Northumberland, a unos 500 kilómetros de Londres, se encuentra ubicado este espacio que, tan solo por lo original, por ese plus de peligrosidad que transmite esa esencia tan original, bien merece una visita. Pero como me temo que será complicado partir en breve hacia tierras británicas, la visita en este caso tendrá que ser de forma virtual.

Entrada del Jardín Venenoso de Alnwick  

Pero es lo bueno de las nuevas tecnologías de la comunicación, que te permiten trasladarte a golpe de click a cualquier parte del mundo. Es verdad que no es exactamente lo mismo que estar allí in situ, el viaje físico tendrá que ser como uno de esos propósitos a cumplir a principio de año, el resto es echarle un poquitín de imaginación.

The Poison Garden es un  lugar cuya historia ya te cautiva desde el principio y que poco a poco van formando el entramado de espacios, anécdotas, curiosidades y, por supuesto, numerosas especies vegetales con su propio ciclo vital, que constituyen el “alma” de un jardín. 
 
Tenemos que remontarnos hasta 1750 cuando el Primer Duque de Northumberland decide contratar al mismísimo Capability Brown, precursor del estilo jardinero inglés, para ajardinar la zona aledaña al Castillo de Alnwick con un parque acorde con la nobleza que ostentaba. Los posteriores Duques fueron aportando cada uno su propia visión de la jardinería, ampliando el contenido del jardín, lo cual fue propiciando un aumento de la riqueza histórica y botánica del mismo. Al Tercer Duque se le atribuye la incorporación de semillas proveniente de otras partes del mundo, como las piñas que se cultivaron en invernaderos aclimatados. El Cuarto Duque en cambio decidió ampliar el lugar con un jardín de estilo italiano con algo de arte con arbustos de topiaria incluidos. Incluso el jardín fue en su momento productor de cultivos hortícolas. Fue durante la 2ª Guerra Mundial y sirvió para proporcionar alimentos a las tropas alojadas en la zona.
 
El veneno llegó mucho después de la mano de Jane Percy, Duquesa de Northumberland en 1997, no porque ella fuera una de esas personas que ahora llaman tóxicas, sino porque tuvo la inquietud de transformar parte del espacio en un parque temático dedicado a las plantas venenosas y medicinales que pudieran resultar de interés para el conocimiento y la divulgación científica. Para ello contrató a los paisajistas belgas Jacques y Peter Wirtz que fueron los encargados de dar forma a este singular espacio.

No se encuentra carente de otras singularidades el jardín, como son cascadas y juegos de agua, pero la mayor atracción son sin duda las más de 100 especies de plantas venenosas. Allí podremos encontrar plantas venenosas como la mandrágora, la cicuta, la belladona, u otras alucinógenas como marihuana o coca. Claro que para poder hacer una visita en The Poison Garden se hace necesaria la presencia de un guía experto que explique la naturaleza venenosa, alucinógena o medicinal de cada planta, pues la más aparentemente inofensiva planta de aquel lugar puede resultar tóxica con el simple contacto con la piel. De hecho, son frecuentes los carteles que advierten ¡Peligro! ¡Estas plantas pueden matar! 
    
Desde el año 2005 el Jardín Venenoso de Alnwick se encuentra abierto al público para realizar estas visitas guidas. Debo reconocer que querer conocer un lugar que sería ideal para la madrasta de Blancanieves, puede parecer un poco friki pero, como todos los jardines, The Poison Garden tiene los componentes necesarios que pueden ser constituyentes de un jardín con esencia única, una historia con amplio recorrido y una composición de especies vegetales letal.  

Juego de agua en el Jardín de Alnwick

Cascada en el Jardín de Alnwick 
       
Fuente imágenes: Wikimedia commons
     
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Muchas gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

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