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27 de agosto de 2015

Sansevieria, Crotons y otras plantas de interior

Bajo una enorme fotografía en blanco y negro con algún motivo sevillano, así la recuerdo. Imágenes que en unas ocasiones retrataban al Rio Guadalquivir, la Torre del Oro y almacenes ya desaparecidos, en otras ocasiones retrataban la Plaza de España y, por supuesto, la fotografía que más me gustaba, el cenador romántico del lago de los patos en el Parque de Mª Luisa. Fue la reina de las plantas de interior, te recibía a la entrada de toda comunidad de vecinos que alardease de sevillania. Se convirtió en la nota de color bajo aquellas fotografías poco nítidas y desgastados bordes, los cuales, roídos, habían quedado atrás por el paso del tiempo. Durante décadas la Sansevieria era el único el obstáculo que se interponía entre las viejas imágenes cada vez que me acercaba para descubrir algún detalle oculto en la historia de Sevilla.

Sansevieria trifasciata
El secreto de su éxito se centraba en su facilidad de propagación y en su escaso mantenimiento. Únicamente unas hojas variegadas creciendo en vertical ocupando el espacio que les permitía la jardinera donde habitaban. Una decoración simple pero efectiva. Algo verde, algo vivo que con su sola presencia constituía todo el jardín que se podía disfrutar en el hall de un bloque de pisos. Y fue esa misma simplicidad lo que supuso para la Sansevieria el ocaso como planta referencia en la decoración de interior.

Las modas cambian. Lo que en su momento se prefería en verde (y algo de amarillo), tornó en monótono, aburrido, y se buscó llenar esas mismas jardineras con otros colores. La decoración tropical en nuevos edificios, ya fueran de oficinas o de viviendas, empezó a ganar terreno.

Bromelias, Dracena marginata, Aralia o Crotons, se impusieron siguiendo la senda de entornos de trabajo activadores o viviendas en apariencia más alegres. Nuevas necesidades que se cubrieron con plantas de variada policromía como las hojas con vetas de color rojo de los crotons, uno de los colores denominados primarios, el que representa lo cálido, pero también símbolo de peligro, que hace que en nuestro subconsciente se mantenga en alerta y, por tanto, favorecedor de una mayor actividad laboral. También se rompió con la monotonía precedente al estratificar en distintas alturas las composiciones vegetales de las jardineras. Sobre las Aralias, empezaron a destacar en altura la Dracena o la flor cónica de la Bromelia. Formas cambiantes, heterogéneas, que diferían de las hojas de crecimiento vertical, a modo de columnas, de la Sansevieria. 

Monocultivos frente a policultivos. Dicen que la moda, como la historia, es cíclica y que todo lo que estuvo de vanguardia en el pasado vuelve con el tiempo a surgir. Tal vez fue esto lo que ocurrió con la Sansevieria o puede que siempre se mantuvo en un discreto segundo plano a la  espera de retomar de nuevo su hegemonía como planta de decoración interior. Con la llegada de diseños minimalistas, donde lo simple (que no es igual a simplón), las líneas rectas, las proporciones equilibradas en las formas y en las medidas, atrajo de nuevo la atención sobre la mencionada simplicidad de la Sansevieria, la repetición estricta de las hojas acabadas en punta, un desarrollo ordenado que no pasó desapercibida o, más bien, no cayó en el olvido.

Esta perspectiva distinta, este nuevo presente para la Sansevieria, no es un éxito en exclusiva sino compartido. Ahora el diseño de las jardineras y los materiales que se emplean en su fabricación, tienen tanta importancia como la propia planta en sí. Se acabó para siempre aquello del contenedor de terracota. Aparecen nuevas macetas y jardineras que, incluso, ganan reconocidos premios en diseño. Se crean entornos de trabajo y entradas de viviendas sin perder dinamismo o elegancia, y con la ayuda de una planta, la Sansevieria, siempre en forma para la decoración de interior. 

Crotons (Codiaeum variegatum)
                   
Fuente imagenes: Wikimedia commons 
   
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