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6 de agosto de 2015

Un oasis para escapar del calor

Aquello que tenemos más próximo, siempre presente y rutinario, muchas veces desaparece de nuestra vista. Lo valoramos sí, pero lo hacemos tan cotidiano, que un buen día se vuelve como respirar, haciéndose necesario, imprescindible, un acto mecánico y, a la vez, no nos damos cuenta de que lo obviamos. A mí me ha ocurrido lo mismo con los jardines que rodean al Real Alcázar de Sevilla, tantos años escribiendo un blog sobre jardines y nunca le he dedicado un post a uno de los lugares más emblemáticos de mi ciudad.

Bajo la sombra de un naranjo en el Alcázar de Sevilla

No recuerdo la primera vez que visité por primera vez el Alcázar, en cambio recuerdo que han sido muchas las veces que he caminado por los Jardines de Catalina de Rivera, los Jardines Murillo y he pasado bajo el arco que hay en el Callejón del Agua para llevarme hasta el Patio de Banderas. Un recorrido siguiendo su muralla árabe hasta llegar a la antigua Puerta de la Montería, ahora llamada Puerta del León. Una veces he ido solo, otras acompañado, pero siempre ha sido delicioso encontrarme de la frondosidad de la vegetación en sus jardines, especialmente refrescantes en pleno verano, cuando más calor hace en Sevilla.

Con este post no pretendo ahondar en la historia de cada una de los espacios que constituyen estos jardines, pues para eso ya existen numerosas publicaciones. Me gustaría dar una visión más personal de lo que significan para mí los jardines del Real Alcázar de Sevilla, que después de tantos años puedo definir en una única palabra, inspiración. Hace poco redescubrí una cita de Eduardo Godoy que la tome como apunte en el curso de Restauración de Jardines Históricos en el Centro IFAPA de Palma del Río, “El jardín es un arte delicado y bello, está hecho a la vez de lógica, fantasía, imaginación, recuerdo, estudio e intuición.” Bien, pues yo puedo añadir que los jardines son también una fuente de inspiración. No solo para el diseño de jardines, también para acontecimientos que ocurren en la vida. El cielo en la tierra o el oasis en medio del desierto. Un lugar para la contemplación y la reflexión.

Con paciencia he esperado que la cola de turistas que hay en la entrada disminuya lentamente, acercándome al acceso. Algunas veces hasta he llegado a pensar que hago allí, pues no iba con una intención concreta, simplemente por darme el gusto de sentarme bajo los árboles o desayunar en la terraza que abre la cafetería a la vista de sus frondosos jardines. Otras veces he ido por un motivo más didáctico. Necesitaba información para algún estudio o para algún trabajo de la Universidad. Incluso he ido allí y he jugado con mi hijo correteando por laberinto de cipreses y mirto que hay junto al Pabellón de Carlos V u observar juntos las gigantescas carpas que nadan bajo el agua del Estanque de Mercurio.
 
Lo cierto es que nunca he necesitado un motivo concreto para colarme en Alcázar. En realidad ¿Por qué lo iba a necesitar? ¿No es suficiente el simple hecho de que están allí? ¿Por qué obviarlos? Ya sea por el solo hecho de que son unos jardines que poseen la lógica de espacios que se han ido adhierendo al conjunto con el paso de los años, primero patios y jardines andalusíes, después la huerta que los rodeaba ha ido cediendo terreno para ir dejando paso a otros espacios, jardines renacentistas, barrocos o paisajistas sucesivamente, hasta llegar el Jardín de los Poetas promovidos por Joaquín Romero Murube, de estilo neomudéjar, volviendo al principio, haciendo la historia cíclica y recordando de nuevo sus origines árabes. Son jardines de fantasía con su galería del Grutesco y su laberinto de cipreses que nacen de la imaginación, que nos traen el recuerdo de un pasado que puede ser lejano, escrito en libros, dibujado en pinturas o un recuerdo más reciente, el de niños y niñas que juegan entre sus patios y bajo los árboles de profusa sombra. También jardines objeto de estudio, desde el que inspiraba a poetas de Al-Andalus hasta los más modernos que recrean todo el enclave mediante aplicaciones para smartphone. Y son intuición, la misma que te hace huir del calor de Sevilla, buscar su frescor en forma de abundante sombra y surtidores de agua para encontrarte con un oasis en pleno verano. 


Patio del Yeso

Patio de las doncellas

Camino en el Alcázar

Caño de Carmona

Estanque de Mercurio

Carpas

 
Puerta de la Terraza al Patio de Troya

Laberinto

 

Vegetación en el Alcázar

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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

2 comentarios:

  1. Hola Jose Luis...una vez me dijeron Un jardín es una manera de vivir, una filosofía de vida. Y es verdad porque abarca todo eso que dice tu frase y más.
    Pasearme por el Alcázar aunque sea virtualmente se convierte en un oasis para el espiritu. Gracias

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    Respuestas
    1. Estas imágenes son solo un pincelada de lo que te puedes encontrar en los Jardines del Alcázar pero creo que ilustran perfectamente la frese de Eduardo Godoy. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo Lourdes.

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