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11 de agosto de 2015

Viejos conceptos muy actuales: la pared ajardinada

La relatividad en la definición de conceptos hace que lo que un momento de la historia nos parecía moderno en la actualidad nos parezca obsoleto, a pesar de que lo antiguo, más simple, posea mayores prestaciones que lo moderno. Esta singularidad hace complicado denominar a un jardín vertical de esta forma cuando se encuentra carente de la tecnología  actual que caracteriza a esta nueva forma de entender la jardinería. Dejémoslo en muro vegetal o pared ajardinada aunque al resultado final consista en una superficie vertical sobre la que se desarrollan plantas.

Pared ajardinada en el Jardín Americano de Sevilla

La realidad es que las especies vegetales siempre crecen bajo el ritmo que les impone su yema apical, es decir, hacia arriba, como también es cierto que las raíces se desarrollan en horizontal y hacia abajo, así pues, ya sea en unas bolsas de fibra natural biodegradables o en jardineras de hormigón, la naturaleza no deja de imponer sus leyes y el efecto que se consigue es igual en ambos casos, lo llamemos jardín vertical o muro ajardinado, una pared donde las plantas crecen en abundante follaje.

Tal vez la verdadera “revolución” se encuentra en los cultivos hidropónicos, los cuales sin apenas sustratos y haciendo que las plantas reciban los nutrientes directamente desde el agua del riego, marcaron las líneas de un tipo de edificación donde sobre la superficie de la pared exterior había (o hay) un jardín. Este tipo de urbanismo de edificios verdes para hacer ciudades sostenibles, respetuosas con el medio ambiente, se gestó a principios de los años ochenta, cuando ni siquiera existía el concepto de “sostenibilidad”, con una arquitectura impropia para la época y que ha quedado retratada para la posteridad en edificios como del Edificio Planeta (antiguamente Edificio Banca Catalana) construido en Barcelona en 1978. La jardinería en cultivos hidropónicos sentó precedente, convirtiendo aquel edificio con casi 4 kilómetros de jardineras ocupadas por una selección de plantas envolventes que realzaban su aspecto natural, en el camino trazado que seguirían otras construcciones que también quisieron acercarse a ese entorno urbano sostenible.

Durante la Expo’92 de Sevilla, cuando se creó el Jardín Americano, surgió la necesidad de salvar el desnivel entre la parte inferior donde se encuentra el umbráculo de dicha zona verde y la parte superior delimitada por el Camino de los Descubrimientos. La solución propuesta fue crear una pared ajardinada que siguió estos mismos principios de riego localizado que porta los nutrientes necesarios para las especies vegetales que aún la habitan, Russelia equisetiformis, Pyrostegia venusta, Uncaria  tomentosa, Lantana cámara y Solandra maxima, aunque en la actualidad algunas de estas especies se han impuesto sobre las otras que prácticamente han desaparecido.
   
La estética algo simple de jardineras de hormigón dispuestas una sobre la otra formando una trama reticular y ordenada de forma meticulosa, que se repite hasta la rutina visual queda rota por la propia vegetación que aparece desordenada, creando un pequeño caos, una distorsión entre tanto orden. Esta misma trama vegetal se repite en los pasos subterráneos para vehículos en la Avenida Américo Vespucio, a los que se les puede añadir como especie que lo integra el jazmín azul (Plumbago capensis). Desconozco si este último se encontraba aquí desde el inicio o su participación ha sido una “invitación” posterior.

Los beneficios de los jardines verticales son muchos: captación del CO2 y otras partículas nocivas
atmosféricas, regulación térmica, reducción del efecto isla de calor, pantalla acústica,…, haciendo posible crear ciudades más integradas con el medio natural. Pero estos beneficios no son exclusivos de los jardines verticales, cualquier otra forma de vida vegetal que exista en las ciudades, desde el arbolado en una calle hasta la trepadora que crece por un muro, contribuye con los mismos beneficios a crear entornos urbanos sostenibles, salvo con una diferencia desde mi punto de vista, los jardines verticales no son tan económicos.  Lo cierto es que las paredes ajardinadas en su construcción tampoco parecen muy económicas, además son complejas, debiendo tener presente las filtraciones de agua, realizar impermeabilizaciones, proporcionar una forma de evacuación de esta misma agua para que no se acumule, hacer correctas proporciones de sustratos, sistemas de riego con fertirrigación incorporada y mallas para que las plantas no sean arrastradas por el viento. Pero su mantenimiento y coste una vez instalado es viable, las plantas crecen de forma mucho más natural, como en el caso del muro vegetal del Jardín Americano que se encuentran prácticamente “salvajadas” (ironizando sobre el abandono de este jardín singular), y sin embargo estamos dando por obsoletas unas paredes ajardinadas, vendiendo el concepto jardín vertical como el futuro de la ciudad sostenible, y quizás sea demasiado pronto para descartar sistemas que llevan funcionando y beneficiándonos durante décadas. 


          
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