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11 de enero de 2016

Esos brotes…

Pasear una mañana de sábado bajo las ramas de las Lluvias de oro (Koelreuteria panicualta), en esta época cuando ya no quedan hojas, puede deparar más sorpresas de las que uno se imagina. Sé que en esto de la jardinería soy un tanto especial y que veo jardines por todos lados, pero estarás de acuerdo en que hay ocasiones en que estos “jardines desechados”, al igual que yo, los disfrutas cuando de improviso aparecen.

Brote de Koelreuteria paniculata

¿Qué me dices de los brotes de la Koelreuteria? Ahí están, ajenos al invierno, cercanos a la base del tronco recibiendo los dorados rayos del sol, con una coloración rojiza tardía que recuerda un otoño ya pasado. La norma jardinera recomienda quitar estos brotes (también ramones o caparros), porque restan vitalidad al árbol y es en la copa donde se concentran las ramas. También se trata de una cuestión estética, un ideal de lo que debe ser “el árbol bonito”, un tronco recto, la altura de cruz a 2,50 mtrs., la copa bien formada…, imagen en nuestro subconsciente de árbol urbano.

Pero la naturaleza tiene su propio ideal de árbol. Mucho más amplio que nuestras cortas miras y expande su belleza en los lugares más inesperados y en el momento menos apropiado. Y si bajo las copas desnudas de la Lluvia de oro, el pavimento se levanta, es ocupado por otro de sus “infames” representantes. Una hierba espontánea que hay que erradicar porque tampoco es bonita. Pero lo cierto es que tal vez deberíamos dejarnos de quitar todo aquello que se encuentra imbuido dentro de nuestra ordenada lógica y ampliar nuestras miras, hacernos más naturales y entender que existen otros tipos de jardines que pueden ser hermosos.

En Francia los llaman (porque ya tienen nombre), jardines planetarios, y no consisten en la simplicidad de dejar crecer la hierba, el Ricinus o el Ailanthus de turno libremente. El concepto es combinar distintos espacios, desde el jardín convencional más cercano a la vivienda y zonas de esparcimiento, hasta otros espacios más alejados donde se deja actuar a la naturaleza del lugar, el genius loci como decían los clásicos. En común ambos espacios, antropizado y natural, poseen que el jardinero debe actuar sobre estos, en el primero de forma convencional, en el segundo “dirigiendo” las distintas especies vegetales que van apareciendo y delimitando tanto los espacios como los límites.

Quizás alguien que le parezcan feos los brotes de Koelreuteria los elimine pensando que es lo correcto, aunque lo dudo, no por convicción sino por dejadez, algo en lo que sale ganando la ciudad, los ciudadanos y la naturaleza.  
 
Acera “ocupada”

Ricinus communis
              
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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

4 comentarios:

  1. Como siempre es un gran placer leerte, me encanta lo que pones y como lo pones, tal como la naturaleza espontanea y con sus ideas en otras miras. Felicidades.

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    1. Para mi es un placer escribir y que me lean. Gracias Raúl.

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  2. siempre recordare el comentario de un profesor de horticultura, no hay malas hierbas si no plantas mal ubicadas...
    me lo has recordado con este tema que tratas hoy... es cierto muchas veces los "canones" nos pueden a la hora de podar, de desherbar... a veces es mejor unirse al" enemigo" que intentar eliminarlo a toda costa...

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    Respuestas
    1. Tenemos que ir cambiando la forma de llamar a estas hierbas, yo por ejemplo siempre las llamo "hierbas espontáneas". Me gusta lo de unirme al enemigo en ciertas ocasiones. Saludos Mario.

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