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31 de marzo de 2016

La primavera del árbol del amor

Hacía mucho tiempo que no conseguía sentirme bien, feliz, con los pequeños detalles que me depara la simple complejidad de la naturaleza. Motivos personales han hecho que últimamente encuentre la vida insípida. A ratos, mi hijo es lo único que consigue estabilizar la zozobra que agita mi alma. Pero el otro día, cuando fui a hacer las fotos de las Yucas de mi anterior post, sin proponérmelo, me encontré a mi mismo disfrutando del agradable sol de la tarde, del viento contra mi cara a la velocidad que marcaba el pedaleo en bici y me ensimismé con cada brote con el que las plantas saludaban a la primavera. Sonreí porque sí. Hasta me permití el tópico de alégrame de vivir en una ciudad única como es Sevilla, que nos brinda momentos tan sencillos como mágicos salidos de la nada, de las más rutinarias actividades que tenemos que hacer a lo largo del día.

Árbol del Amor (Cercis siliquastrum)

Cuentan las malas lenguas, que cuando era algo más joven gustaba de una ajetreada vida nocturna. Junto a mis amigos de toda la vida, igual de rufianes que yo y, entre otras andanzas, recorríamos muchos locales de moda en la ciudad donde sonaba la más variopinta música discotequera. En 1998, el DJ y compositor alemán Sash! (muy prolifero a finales de los 90’s y principio de los 00’s), produjo un sencillo que fue llamado por aclamación popular “La primavera del amor” aunque su nombre era “La primavera” a secas. Pues fue curioso, porque no es mi estilo musical predilecto, pero esta canción me vino a la cabeza cuando recorría veloz los caminos del jardín que hay en la rivera del Rio Guadalquivir uniendo el antiguo y nuevo Torneo con el Parque de San Jerónimo. Me encontré con las primeras flores de este Árbol del Amor (Cercis siliquastrum), que como manda su biología, se adelantan a la aparición de las hojas. 

Y fue así como, cubierta la madera lisa y clara de sus ramas por pequeños puntos florales de color rosa, me sorprendió sonriendo como un bobo al sol y a la primavera. Dejé la bici tirada en el césped y me puse a hacer fotos de las flores como si no existiera un mañana. Pero el sol y el viento querían juguetear con el árbol, la primavera y el amor, haciendo el primero brillar con intensidad sus flores, mientras el segundo mecía con sutil delicadeza las ramas. Yo también quería jugar pero con la fugaz alegría, las palabras y aquella canción discotequera que me recordaba mi pasado juvenil y acabar, finalmente, escribiendo algo digno del fenómeno natural que me estaba cautivado en esos instantes. No consiguiendo que las fotos fueran lo suficientemente nítidas, una vez superada la frustración inicial y resuelto a captar de la mejor forma posible la belleza que estaba contemplando, cambié de estrategia. Ya sabes el refrán, si no puedes con tu enemigo únete a él o, siendo precisos, me uní al juego. Decidí hacer un video donde se mostrase las flores rosas resplandecieran con el sol y las ramas se movieran como queriendo desprenderse, flotar y salir volando. El resultado…




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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

2 comentarios:

  1. Sinceramente me ha encantado, me has hecho sentir que había cogido la bici y también me había encontrado con ese Cercis!!! Un abrazo.

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  2. Logicas tus sensaiones, es un árbol que obviamente no deja indiferente, su floración agolpada es algo más que reseñable en cualquier parque, jardin o alineación donde se localice.

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