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23 de marzo de 2016

Los principios de la jardinería en Monasterios y Conventos

Puede parecer que la jardinería medieval de Monasterios y Conventos quedara eclipsada por los encantos de sus coetáneos jardines árabes palaciegos, pero lo cierto es que la Edad Media fue una época de enorme valor entorno a una jardinería floreciente que monjes y monjas cultivaban en sus patios y claustros. Muchas ciudades giraron en torno a estos enclaves religiosos que con espacios reservados a la botica, a la cocina, el huerto o las flores supusieron la forma de sustento para miles de personas.

Claustro gótico de la abadía del Monte Saint Michel

Ora et labora”. Con esta regla monástica de la orden benedictina, dictada por su fundador San Benito de Nursia en el siglo IV, comienza un estilo de vida monacal marcado por un espíritu común en todo el monacato que presentó a huertos y jardines como nexo de unión entre oración y el cultivo de especies vegetales. Incluso las  flores tuvieron su importancia destacada como forma de ofrenda a Dios decorando iglesias y capillas en determinadas festividades y por virtudes como aroma, propiedades medicinales, o el poder colorante de sus pétalos tan útiles en la ilustración de códices.

La vida cotidiana era fiel a la realidad inmediata. Walafrid Strabo fue un monje que al igual que San Benito escribió un libro sobre horticultura hacia el año 840 y cuyos consejos para crear y mantener un hermoso jardín pronto se hicieron famosos. En este escrito, importante porque el jardín no solo poseía valor ornamental, además era un espacio productivo, se describen una serie de especies vegetales que nos pueden hacer una idea del amplio conocimiento botánico que envolvió los claustros de monasterios desde sus inicios: Abrotanum, Agrimonia, Ambrosia, Apium, Cerofolium, Cocurbita, Feniculum, Marrabium, Menta, Nepeta, Papaver, Pelugium, Rafanum, Ruta, Salvia, Sclarega, Urtica, Vettonica y, destacando con singularidad en toda la época, Rosa. Concretamente sobre jardinería también se ocuparon años más tarde Crescencius y el propio Alberto Magno en su libro De Vegetalibus.

Pero no todo es cara al pueblo, pues hay momento en la vida monacal que necesita de recogimiento. Es ante esta vocación que el jardín medieval se aísla siempre del mundo exterior. Los mejores ejemplos de claustros monacales, son aquellos inspirados en los patios cerrados con pasillo peristilados de la casa de campo romana que servían a ese propósito de vida en oración. El claustro de la abadía del Monte Saint Michel, ubicado en Normandía (Francia), resume la jardinería monacal del siglo XIII. En lo alto de del imponente peñasco, a sesenta y ocho metros sobre el nivel del mar, el claustro de la abadía, construido en 1228, ofrece un jardín intimista amparado por una imponente arquitectura. En este lugar, el vergel aparece como el espacio privado vuelto de espaldas al mundo, un espacio que parece comprenderlo, tenerlo todo, como un microcosmos, un mundo cerrado a sí mismo que bien recuerda al legendario Avalon en que acabaran los días del Rey Arturo.

La Edad Media fue época que creó un complejo sistema interpretativo de las cosas. Su arte, de voluntad tan anticlásica, gustaba de la abstracción y el simbolismo. Arte espiritual, extrovertido y didáctico, arte con su expresión religiosa  alcanza su originalidad y mérito más alto. Será un renacer, un reencuentro con una realidad natural ya trascendida de un sentir espiritual renovado que influirá en toda acción humana y los jardines se hacen eco de este cambio. En esta época, Semana Santa, cargada de fervor religioso y películas de romanos, no he podido evitar hacer este breve comentario sobre lo que significaron los jardines claustrales de monasterios y conventos por importancia ornamental, económica y social. 

Fuente imágenes: Wikimedia commons  
  
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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

7 comentarios:

  1. Pasee por el claustro un día de perros en septiembre, pese a los turistas, los carteles de no tocar, los chuvasqueros multicolores..., el sentimiento de recogimiento aun se palpa entre los muros de esta abadía, no es dificil imaginar monjes leyendo o debatiendo en torno a el...
    Me has traido buenos recuerdos...
    saludos

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    1. Me alegro de que este post haya servido para hacerte recordar el viaje que hiciste. Me encantaría ver tus fotos si las tienes y, si esposible, un post en tu blog también estaría bien ;) Un saludo Mario.

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    2. hecho cuenta con ello, a ver si en una temporadita.

      La verdad que es un sitio mágico.

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  2. Me ha encantado como has trabajado el articulo, de veras mis más sinceras felicitaciones.

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    1. Está trabajado porque este artículo pertenece a un trabajo de investigación sobre "Patios y Claustros de Conventos y Monasterios de Córdoba" que estoy realizando, aunque desconozco si algún día verá la luz... En fin, me consuela tu reconocimiento Raúl. Un saludo.

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  3. Hola! Muy intetesante. Este verano iré a Normandía, me apunto la visita ak claustro!!!

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  4. Hola! Muy intetesante. Este verano iré a Normandía, me apunto la visita ak claustro!!!

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