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28 de abril de 2016

Reinventando el jardín

En el diseño de jardines es muy diferente enfrentarse a un espacio en el que no hubiera existido nada previamente, un terreno desnudo, con otro jardín que ya posea una trayectoria. En el primer caso, el paisajista puede dejar volar su imaginación, campo libre para  crear y probar cosas nuevas como si del pintor que se encuentra frente a un lienzo en blanco se tratase. En el segundo de los casos, en cambio, aparecen aspectos diversos que nos condicionaran toda la planificación del diseño que finalmente marcaran el devenir futuro del jardín.

Jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides)

Imaginemos que nos mudamos y adquirimos una nueva casa con un jardín establecido por los anteriores propietarios ¿Qué hacemos con los macizos arbustivos y arboles existentes? ¿Qué ocurrirá con las estructuras, delineación y el estilo del jardín?

Cuando J.C. Nicolas Forestier se encargó de la realización del Parque de María Luisa en Sevilla con objeto de crear un parque público que sirviera de sede para La Exposición Iberoamericana de 1929, tuvo que trabajar sobre un jardín preexistente que pertenecía al Palacio de San Telmo propiedad que había sido de los Duques de Montpensier, un jardín de estilo romántico diseñado por otro jardinero francés de nombre Lecolant muchas décadas antes. Forestier tuvo que reescribir sobre este espacio, conservando unas zonas con el mismo estilo romántico, permitiendo la conservación de muchos árboles y arbustos y aportando nuevas zonas con estilos diferentes pero sin dejar de lado la esencia inicial que tenían los jardines de María Luisa Fernanda de Borbón.  

Evidentemente, es complicado que tengamos que vernos ante una tesitura semejante, pero la idea que hay que recoger del Parque de María Luisa es si deseamos rediseñar el jardín manteniendo su esencia o, por el contario, vamos a reescribir sobre el espacio cambiándolo por completo, borrando toda huella pasada anterior y proporcionándole una nueva impronta. Como consejo, creo que en esta situación debemos tomarnos un tiempo antes de realizar cualquier cambio. Hay que vivir el jardín, observarlo para determinar qué cambios nos gustaría realizar y llegar a sentirlo para captar todos y cada uno de los matices que lo hacen ser como es. Los rayos del sol al pasar entre las hojas de los árboles, las gotas de lluvia al chocar en una posible pérgola existente, la orientación de cada espacio que lo traza sobre el terreno o las nubes y la vegetación reflejada en una lámina de agua. Cada detalle cuenta, porque gracias a los cambios estacionales podremos descubrir el jardín en sus distintos aspectos.

Puede ser que tras este periodo de reflexión, aquel viejo rosal junto al tranquilo banco de piedra nos parezca que en primavera dio una flores espectaculares o que bajo la pérgola donde crece el jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides) queda la tarde otoñal agradable y decidamos sentarnos a leer. Reinventado el jardín debemos determinar con exactitud el equilibrio justo entre las plantas y elementos que vamos a conservar para que no pierda ni un ápice de encanto, que tal vez ya valorábamos muy positivamente al adquirir la propiedad, y equilibrio también con las reformas consideradas convenientes porque nos permiten personalizar el jardín para que finalmente quede a nuestro gusto. 
        
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