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29 de junio de 2016

El duende de los jardines del Palacio de Dueñas

¡¡Escapa botarate!! ¡¡Huye mientras puedas!! Grité. Y dando saltos y cabriolas, riendo, rozando levemente con la mano el seto de bambú, Jaime empezó a corretear levantando polvo de albero bajo sus pies, protegido del inclemente sol de junio de Sevilla por un manto de espesa vegetación. El juego continuó en aquella terraza que se elevaba sobre otros jardines como si de un barco que navega sobre un mar de rosas y limoneros se tratase, su mano desenvaino un florete invisible y empezó a batirse con cuantos enemigos imaginarios osaron salir a su encuentro. 

Buganvillas cubriendo la pared del Apeadero 

Normalmente no necesito gran cosa para convencerlo si quiero hacer la visita a un jardín, pero se encuentra tan inmerso en el mundo de la esgrima, es conocedor de cada renglón de las novelas escritas por Alexandre Dumas, sigue con devoción cada aventura de su héroe preferido D’Artagnan el Gascón y sus tres amigos mosqueteros, se sabe al dedillo quién fue El Rey Luis XIII, La Reina Ana de Austria o el Cardenal Richelieu, que cuando le comenté que ese viernes de verano sin colegio, después de sacar tan buenas notas, iríamos a visitar el palacio de un Duque más importante que el mismísimo Duque de Buckingham, no dudó en pedirme por favor que lo llevara hasta el Palacio de Dueñas.

Hace tan solo un par de años, y durante bastantes, yo vivía muy cerca de allí. Mi piso se encontraba en el piso primero de un viejo edificio del casco antiguo de Sevilla, mientras que el despacho estaba en una habitación en la azotea. Heredé la costumbre de mi abuela de levantarme muy temprano por la mañana, cuando aún todos dormían, prepararme un café y cuidar de las exiguas plantas con las que me entretenía estudiando su botánica. Cuando terminaba con esta labor, me gustaba tomarme el café mientras amanecía y los rayos del sol iban tornado a dorado los tejados de las casas. No me gusta caer en el chovinismo propio de la sevillania rancia, pero… ¡Que belleza! ¡Qué suerte vivir en una ciudad como ésta! Al norte de mi ubicación, sobresaliendo sobre todos los tejados, un enorme ciprés destacaba con fuerza. Suponía que aquel ciprés pertenecía al Palacio de Dueñas, lo que no podía imaginarme era que aquel pequeño punto verde en el callejero de Sevilla era en realidad un enorme conjunto de patios ajardinados y jardines trenzados, unos de un tamaño, otros de otro, a distintos niveles sobre el suelo, con tal suerte, que daba la sensación de no tener nunca fin. Cuando ya has atravesado el jardín de la entrada principal, dejando atrás el muro cubierto buganvilla del Apeadero, pasando por las caballerizas, accedes al Jardín de los Limoneros, que no solo de cítricos, rosas, estatuas y poesía alimenta su fama, pues de entre todos los elementos que lo componen habita un arrayan de más de tres metros de altura. No puedo llegar a imaginar la de años que puede albergar un ser al que vulgarmente denominamos seto y que se ha convertido en un gigante que sostiene el cielo con sus ramas. Seguimos nuestro recorrido hacia el Patio Principal, pero pasamos antes por una antigua alberca vacía y subimos a la terraza donde Jaime estuvo imaginando ser un mosquetero. Descubrimos también el Patio del Aceite y el Jardín de Santa Justa, incluso había más patios y jardines que se encontraban cerrados a los que el público no podíamos acceder, aunque si podíamos fisgonear entre las rejas forjadas de hierro para acertar a vislumbrar algo de su interior. No me extraña que la Duquesa de Alba, apasionada de sus calles, de la algarabía de sus gentes, del Betis, de la Feria de Abril, de vestirse de gitana y bailar sevillanas, eligiera Sevilla y convirtiera el Palacio de Dueñas en su vivienda habitual.   

En la Grecia clásica pensaban que los jardines poseían un genius loci, un espíritu que protegía cada espacio, incluidos jardines y parajes naturales, que no dejaba de ser la esencia misma del lugar. El Palacio de Dueñas tiene su propio genio del lugar, pero más que genio, se trata de un duende, ese que dicen habita en el arte flamenco. Los jardines de Dueñas no dejan de ser el patio típico andaluz, pero elevado a la máxima expresión posible. Jardines con mucho arte, de flamenco y de gitanas que poseen su propio salón, con estatuas paralizadas en un taconeo inmortal recortado en volantes de faralaes mientras siguen el compás que marca el suave brotar del agua de la fuente central y el trino de los pájaros que han hecho de las ramas de altos árboles su hogar. Jardines de muchos siglos, mucho arte, mucho gitaneo y, jardines con duende, ese que es la esencia de un lugar. 

Jardines en la entrada del Palacio de Dueñas

Jardines en la entrada del Palacio de Dueñas

Hortensias en el Jardín de los Limoneros

Jardín de los Limoneros

Con pudor en el Jardín de los Limoneros

Arrayán viejo con varios metros de altura

Jardín de los Limoneros



Terraza donde Jaime imaginaba juegos...


Jardín de los Limoneros visto desde la terraza superior

Entrada al Patio Principal


Patio Principal

Geranios del Patio Principal

Rostro de la gitana en el salón que lleva su nombre


Fuente del Patio Principal

Patio del Aceite


Uno de los patios que se podían observar tras las rejas de hierro 

Hibiscus en el Patio del Aceite 

Fuente central del Patio del Aceite


Gitanilla en el Jardín de Santa Justa

Jardín de Santa Justa

Jardín de Santa Justa

                            
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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

9 comentarios:

  1. Precioso, me trae recuerdos de niñez paseando con mi madre por esos jardines. Gracias!

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    1. Gracias a ti por tu comentario Mónica ¡Saludos!

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  2. buen reportaje, tengo pendiente la visita a este palacio y otros lugares del sur... pero mejor cuando bajen las temperaturas... que los castellanos por esas latitudes nos derretimos :-D

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    1. Si Mario, aunque el calor queda paliado con la frondosa vegetación que siempre baja algún grado. Si éstas interesado en venir, te comento que los lunes a partir de las 16:00 horas la entrada es libre. Un saludo.

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  3. Respuestas
    1. ¡Y mis pobres fotografías no le hacen justicia! Gracias por el comentario Teresa. Saludos.

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  4. que belleza...en texto y contenido...!!!

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    1. Me alegro de que te haya gustado Aida. Un saludo.

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