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6 de junio de 2016

Quiero rosas

Rojas, amarillas, naranjas, blancas, moradas y hasta la negra flor ‘Black Baccara Meilland’. Internet abrió una ventana a un amplio panorama donde asomaban el Concurso Internacional de Rosas Villa de Madrid en el Parque del Oeste, el Concurso de Rosas Nuevas en el Parque Cervantes de Barcelona, las exhibiciones de David Austin en el Chelsea Flower Show,…, no he podido contener el deseo de traspasar la pantalla virtual para asomarme a respirar el aroma, cegarme con variado color y, quién sabe, puede que un magnetismo irresistible me atrajese a rozar la hermosa flor, aún a riesgo de sentir traspasar la carne que cubre mis dedos con los afilados aguijones. Quiero rosas.


Decidido a asumir el riesgo, me marché en busca de las anheladas rosas y los encontré cerca, muy cerca. Como todo gran parque público que se precie posee un lugar especial reservado a las rosas y la rosaleda de la Plaza de América es ese lugar en el Parque de María Luisa. Vais a tener que disculparme, porque no suelo utilizar ciertos recursos lingüísticos populares cuando me expreso, ya sea de forma oral o escrita, es más, huyo de éstos, pero es que no puedo encontrar otras palabras que me auxilien para explicar el espectáculo de las rosas bajo el sol de Sevilla. Como decimos aquí en el sur, las rosas están para “chillarles” de bonitas.  

He hecho fotos, muchas, pero mi intención era escapar de la captura de la imagen instantánea para ir más allá. Dar movimiento a la par que vida a estas flores, era lo mínimo que podía hacer por ellas y he realizado el montaje de un nuevo vídeo para mi canal de YouTube donde las rosas son las únicas protagonistas. 

No hay nada más agradecido para una foto, un vídeo o un jardín que una rosa. Con muy poco que le das, recibes a cambio mucha belleza para disfrutar. ¿Qué necesita una rosa para darnos todo esto y más? Mucho sol, para que reciba toda la luminosidad posible. Por supuesto, agua, aplicada directamente al sustrato para que no caiga en tallo y hojas y así no proliferen los hongos. Y como un rosal sería solo aguijones sin sus flores, hay que prestar especial atención a las podas para obtener el mayor número de ellas favoreciendo prolongar su presencia el mayor tiempo posible a lo largo del año. Los rosales muy viejos, necesitan de una poda severa, pero que permita algunas yemas para que se produzca la floración. En caso contrario la planta vegeta desproporcionadamente, y se forman los capullos florales sí, pero nunca llegan a abrirse. En rosales más nuevos y de baja estatura, hay que realizar la poda dejando ramas con al menos tres yemas. Éstas se encuentran en cada uno de los aguijones que posee el rosal y, a partir de ellos, se desarrolla toda la planta. La época ideal es entre enero y febrero, pero también podemos realizar una poda al final del verano que facilite la floración hasta bien entrado el otoño. Una vez realizadas todas estas labores jardineras con las rosas, ya solo queda recrearnos la vista con imágenes y vídeos como estos…






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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

2 comentarios:

  1. Sin ser una planta bonita, las flores aportan una belleza indiscutible siendo un punto de atracción seguro, de las pocas plantas cultivadas por su flor que mantiene dignamente el olor, cosa que deberían tener en cuenta los obtentores de variedades, pues acabamos teniendo flores muy bonitas pero sin fragancia, el jardin tambien se disfruta con la nariz...

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  2. Totalmente de acuerdo Mario. El jardín es para disfrutarlo con los sentidos y es cierto que muchas variedades y cultivares de plantas ornamentales están perdiendo su aroma. Una pena primar solo lo visual. Un saludo.

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