Anuncios

29 de agosto de 2016

Bicicletas y rotondas

Ahora que estoy pasando unos días de prolongado asueto en el pueblo que llevo veraneando desde que nací, al cual me siento muy unido, tanto, que hasta estoy ligado al mismo por lazos familiares pues mi cuñado es de aquí, me he fijado lo mucho que ha cambiado el trazado urbano desde que era un niño. En realidad, no puedo decir que pasase desapercibido, pero la fuerza de la costumbre muchas veces hace que obvies lo que ocurre a tu alrededor hasta que desaparece del enfoque más curioso. Fue en este pueblo que linda con el Océano Atlántico donde aprendí a montar en bicicleta, en una época en la que para atravesar un cruce tenias que hacerlo de oído. Aquel riesgo acabó en gran parte cuando con el paso de los años fueron apareciendo como setas en otoño un amplio número de rotondas.

Rotonda faunística en la que un romero da de beber a un burro

Desconozco quién fue el iluminado que decidió llenar mi pueblo de rotondas, lo que si sé es que éstas, como los niños, vienen de París y datan de principios del siglo XX, cuando el tráfico rodado en la capital francesa empezó a ser tan numeroso que hubo que buscar una solución para que vehículos, carruajes y animales de carga pudiesen salvar los cruces de calles sin riesgo de colisión por falta de visión y para evitar los problemas de saturación porque la intersección alcanzaba el límite de su capacidad. El urbanista y arquitecto francés Eugène Hénard (1849-1923), considerado ideólogo de la rotonda de viario, propuso que las diferentes intersecciones que provocan puntos de conflicto entre trayectorias se solucionase suprimiéndolos o reduciéndolos al máximo. En sus estudios y proyectos, demuestra que los vehículos pueden evitar los puntos de conflicto obligándolos a rodear el obstáculo, realizando maniobras de entrada y salida en fila y girando todos en un mismo sentido.

El despegue y puesta en práctica de rotondas para aliviar los problemas de saturación del tráfico fue despacio pero sin pausa a lo largo del siglo XX, a medida que las ciudades crecían y se iban solucionando los problemas que surgían por el tamaño que debía tener la circunferencia, el número de vías que se incorporan a la rotonda y por la configuración inicial de las ciudades que impedían en muchos casos la eliminación de los edificios adyacentes. En España, como para otras muchas innovaciones, las rotondas no llegaron al tráfico hasta 1976 inaugurándose la primera en la localidad mallorquina de Palmanova, pero desde ese momento empezaron a proliferar creando espacios muy diversos, sobre todo en lo que ajardinamiento y ornamentación se refiere.

La prioridad de una rotonda siempre ha sido la de regular el tráfico, pero incluso en los primeros planos de E. Hénard ya se atisba la aparición de zonas verdes. Inversamente proporcional a otros casos, en las rotondas existe desde el inicio la oportunidad de ajardinar estos espacios, constituyendo en la actualidad auténticos jardines e, incluso, parques con juegos de niños en el interior, que contribuyen a la proliferación de la infraestructura verde de las ciudades, un nuevo concepto en el urbanismo que viene a suponer un paso más en el predecesor corredor verde que suponía la unión entre naturaleza y urbe por medio de las vías que atraviesan a esta última. El desarrollo desproporcionado del las ciudades y el crecimiento de la población ha creado una serie de beneficios y oportunidades en relación con el empleo y la diversidad cultural, pero también son puntos de concentración de incohesión social y contaminación. La infraestructura verde se resume en la estrategia para paliar estos efectos negativos haciendo especial énfasis  en la planificación del territorio y, es aquí, donde las rotondas de las grandes urbes contribuyen a la proliferación de espacios verdes que estimulan la salud física y mental de los ciudadanos.

En el caso de las rotondas existe de todo. Yo lo he podido comprobar en mi pueblo y también en Sevilla, pero seguro que todos tenemos ejemplos para todos los gustos. Desde la simple glorieta con una Yucca aloifolia, a grandes extensiones de césped, con montes, pinos, casuarinas y plátanos de sombra. También están esos desvaríos de ensalzamiento municipal que han quedado retratados como inverosímiles monumentos y ornamentos entre la vegetación de la rotonda. Los más simples han sido las rocas naturales, piedras de molino, estatuas faunística representativa del municipio, una fuente central, etc., pero de estos elementos sencillos han ido desarrollándose hacia otros muchos más complejos llegando en algunos casos a ser realmente faraónicos. Si antes hablaba de las piedras de molinos, hay rotondas que contienen el molino entero, barcos, tanques, aviones, estatuas que emulan dioses griegos de tamaño colosal o un enorme pilar con la Virgen del Pueblo en lo alto dándote la bienvenida al lugar. Otro asunto que preocupa a los planificadores municipales es el tema de los materiales empleados que abarcan desde artefactos de diversa índole al que se le da una nueva vida utilizando como argumento el reciclaje, hasta diseños minimalistas fabricados con acero corten…, los materiales dan para escribir un artículo exclusivo solo para ellos.  

Con esto tampoco quiero decir que esté  bien o menos bien, tan solo clasificar de alguna manera los tipos de ornamentos que podemos llegar a encontrar en una rotonda. Después de todo, lo verdaderamente importante para mí, es que estas rotondas suponen una zona más en las ciudades motivo de ajardinamiento, un espacio que contribuye a ampliar esa infraestructura verde tan necesaria para la salud de los ciudadanos y la propia ciudad. Yo por mi parte, seguiré montando en bicicleta pero en este caso con la seguridad que me proporciona no tener que depender del oído para realizar un cruce. 

Rotonda con profusa vegetación 

Sígueme en:




También te puede interesar:



Muchas gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

No hay comentarios:

Publicar un comentario