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30 de marzo de 2017

Distinguiendo entre jardines

Vaya por delante que soy el primero que se confunde y, a pesar de mi testarudez, que puedo a llegar a ser intratable, incluso que no escucho, cuando finalmente reconozco que he cometido un error, también soy el primero en pedir perdón y rectificar. De igual modo, me gusta que el otorgar la razón sea recíproco. En cualquier ámbito, huyo de los dogmas de fe y siempre trato de ser crítico cuando considero que estoy en lo cierto y, además, el crear un debate constructivo de todo cuanto ocurre, me parece la forma más positiva para avanzar.

Jardín del Marquesado de la Quinta Roja en la Orotava.

El otro día leí un artículo muy bueno sobre los ocho mejores jardines para visitar en primavera en España, pero contenía un error al ilustrar el Jardín de Aclimatación de la Orotava. Es una confusión en la que es fácil caer, pues el Jardín Botánico se encuentra en el Puerto de la Cruz de Tenerife, mientras que por otro lado existen los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja, un mirador de la localidad de la Orotava, ambas pertenecientes a la Isla Canaria de Tenerife. La Orotava es conocida por sus famosos balcones y porque dentro del término municipal se encuentra el Parque Natural del Teide. Los dos jardines, aunque se encuentran muy próximos geográficamente, no pueden ser más distintos entre sí. He tenido la suerte de poder visitar ambos. El Jardín de Aclimatación es un jardín botánico, con una colección de plantas que se encuentran ordenadas creando un espacio verde de estilo paisajista. Destaca por la profusa y abundante vegetación, por una lámina de agua que funde cielo, nubes y plantas; un lugar donde solo se escucha el sonido de los pájaros y algún comentario aislado de los turistas que se acercan para conocerlo. El paraíso aquí en la tierra. El Jardín del Marquesado de la Quinta Roja (también llamado de la Victoria), es de estilo barroco o a la francesa, con praderas de césped segadas con esmero y parterres geométricos perfectamente ordenados con flores de temporada alegrando con desparpajo al visitante. Para acceder a los jardines, debes seguir unas escaleras porque el espacio se encuentra distribuido en terrazas que sirven para sortear el desnivel que baja desde el volcán hasta el mar. Arriba puedes contemplar todo el jardín, así como, el océano que se extiende hasta donde alcanza la vista. Pero antes, mientras asciendes, has podido observar como siguiendo las escaleras hay distribuidas macetas con gitanillas (Pelargonium peltatum) de diversos colores. Los parterres, círculos y cuadrados, contienen borduras de senecio (Cineraria marítima) con cipreses piramidales, palmeras y el Mesembryanthemum se descuelga desde muros donde apenas se atisba la piedra que hay debajo. Te puedes sentar en los bancos que hay en los caminos ascendentes y en las terrazas, dejarte llevar por el murmullo del agua al correr desde las fuentes cercanas. Imagino que en la noche debe ser igual de espectacular que durante el día, iluminado con las farolas de estilo fernandino pintadas en blanco, dejando un juego de luces y sombras proyectadas por la vegetación que se mueve animada por la brisa del cercano mar. El jardín es en realidad un mausoleo destinado a Diego Ponte del Castillo, Marqués de la Quinta Roja, aunque nunca llegó a utilizarse para dar sepultura. El Marqués era un conocido masón de la Logia Taoro, razón por la cual tanto la casa y el jardín también llevan asociados ese nombre. En un principio, la iglesia católica se negó a dar sepultura al Marqués en el cementerio local por su condición de masón pero, finalmente, la iglesia concedió el enterramiento en el cementerio. El jardín y mausoleo, lo ordenó construir la madre del Marqués, Dña. Sebastiana del Castillo, ante la inicial negativa de enterramiento en el mismo lugar que el resto de los ciudadanos. Toda esta truculenta historia ha servido para que nosotros, en la actualidad, podamos disfrutar de unos esplendidos jardines y, por supuesto, que aprendamos a distinguir entre jardines. 

Terrazas en el Jardín del Marquesado de la Quinta Roja en la Orotava.







Mirando al océano desde el jardín.
                     
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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

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