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21 de marzo de 2017

Un paseo bajo los sakura

¡Ya me gustaría a mí pasear bajo los sakura de Japón! Llega la primavera y la red de redes se llena de las idílicas imágenes de los parques y jardines japoneses con los hermosos cerezos en flor (sakura), de tal manera, que parece que hubiera caído una gran nevada sobre los jardines nipones. En Sevilla es posible encontrar cerezos en flor, pero aislados o, al menos, no creando esa estampa que vemos en internet. Lo más perecido que he llegado a ver, es un campo plantado con un par de exiguas filas de Almendros. Por supuesto, pegada a una finca de olivar.

Flor de Prunus spp.

En Coria del Río, localidad sevillana famosa por la pesca y posterior ingestión del albur en el paseo fluvial, así como, del paso en “la barca” de vehículos a través del Guadalquivir hasta el vecino pueblo de Dos Hermanas, existe un proyecto anclado al igual que los varados botes de pescadores sobre las aguas del río para la creación de un jardín japonés. Ya escribí sobre este proyecto en 2014 para Jardines Que Me Gustan, que dio comienzo con la plantación de un sakura por parte del príncipe heredero de Japón, Naruhito, y al que seguirán otros siete sakura. Todo aquello ocurrió durante el aniversario del año Internacional de Japón, país con el que se encuentra hermanada Coria del Río por fuertes lazos desde que en 1613 recalara en la población sevillana el diplomático japonés Hasekura Tsunenaga.

Los ocho sakura se plantaron hace ahora tres años, pero la idea original era crear un jardín japonés público en el Parque Carlos de Mesa. Me encantaría que se hiciera realidad, porque en la actualidad existen muy pocos o ningún parque público con un jardín japonés en España, cuando en otros lugares del mundo, al margen del propio Japón, se han creado muchos de estos singulares espacios verdes.  

Es cierto que crear un jardín japonés va mucho más allá de plantar los cerezos. Es más, plantar los sakura implica no solo una cuestión estética y de diseño, tiene mucho que más que ver con el acto de la siembra y el sakura en sí, que se encuentra unido a la espiritualidad de una flor que representa inocencia, simplicidad, y que recibe a la primavera. En unas recepciones solemnes llamadas Hanami, los japoneses realizan excursiones y se reúnen bajo los sakura para reflexionar sobre la naturaleza efímera de la vida que se asemeja a la breve duración que tienen las flores de los cerezos en las ramas de los árboles. Hoy en día, muchos de estos cerezos, no dan fruto, solo la flor. Los Prunus que si dan frutos y que son los que estamos acostumbrados a cultivar en la Vega del Guadalquivir son Prunus avium (cuyo fruto es la cereza, guinda o, como llamamos por el sur picota), P. Amygdalus (melocotonero), P. Cerasus (almendro) y P. domestica (ciruelo). Sé que nos son jardines propiamente dicho, pero pasar por estos campos de cultivos en primavera, al menos, se asemeja mucho a la idea de huerto de placer de los jardines hispanoárabes. Insisto, sé que no son jardines y que tampoco puedo catalogarlo como fenómeno natural, pero no puedo dejar pasar por alto el millón y medio de cerezos cultivados en el Valle del Jerte de Extremadura. Un Bien de Interés Cultural de árboles que florecen en una sintonía única que tiñe todo el valle de blanco para dar la bienvenida a la primavera. 

Cerezos en flor en el Palacio Imperial en Tokio. Fuente imagen: wikimedia commons 

        
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