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4 de octubre de 2017

Alcorques vacíos

No hay que pedirle peras al olmo pero… tampoco habría que dejarlo apartado dentro de la comunidad natural que forman los arboles de viario. En la calle donde vivía, ha habido siempre una hilera de olmos urbanos y bajo su copa, cuando era un niño, pasaba cada mañana para ir al colegio. En la actualidad, cada vez que vuelvo por allí se aprecian muchos alcorques vacíos, además desde hace años, y los que aún están ocupados, son habitados por olmos que presentan un claro deterioro víctimas de la grafiosis y las podas de desmoche.
Ilustración Botánica del Olmo (Ulmus minor)

En los años 50's del siglo pasado, se puso muy de moda plantar en viario el olmo común (Ulmus minor). Era ideal en grandes avenidas, pues crecía con rapidez, proporcionando una abundante cobertura verde que protegía del sol en verano y dejaba pasar el calor en invierno tras perder sus hojas. Más atrás en el tiempo, cuando Roma fue un imperio que se extendía por todo el Mediterráneo, el Ulmus ya era conocido por su apreciada madera, así pues, posteriormente fue fácil para Carlos Linneo utilizar el epíteto romano para nombrar al género de la especie arbórea.

Geográficamente, el olmo común vive de forma natural por todo el centro y sur de Europa. Lugares cálidos y siempre que exista un bosque, un valle o una llanura, el olmo común crecerá siguiendo las orillas de los ríos y los arroyos. Los olmos poseen un sistema radicular que se ramifica en una red innumerables radículas que profundizan en la tierra, de esta forma son capaces de crear una considerable maraña que ocupa un importante volumen del suelo y fija terrenos poco firmes. Esta circunstancia es importante tenerla presente para el diseño de jardines, pues los olmos pueden ser buenos aliados a la hora de sujetar suelos sueltos que así lo requieran.

¿Qué ocurrió con los olmos en las calles si daban tan buen resultado como árbol urbano? Apareció una enfermedad provocada por el hongo Ophiostoma ulmi, llamada popularmente grafiosis y que es fácilmente reconocible porque las hojas del olmo muestran una especie de mosaico decolorado. La grafiosis causó grandes estragos entre las poblaciones, tanto naturales como de ciudad. El efecto del hongo se unió a las podas de desmochado. Ambas causas, fueron dejando paso a hileras de troncos retorcidos y huecos que en muchos casos eran habitados por aves y roedores. Las ramas que se partían de forma espontánea daban lugar a la toma de decisión técnica de ir apeando los ejemplares afectados y, posteriormente, estas actuaciones dieron paso a alcorques vacíos. Innecesariamente, pues hoy en día existe una variedad que es resistente al hogo que provoca la grafiosis. 
          
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