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23 de noviembre de 2017

La flor que anuncia el invierno

Si existe una flor en todo parterre, jardín y parque público que se precie y que anuncie la llegada del invierno como un cuervo blanco en Juego de Tronos, esa es sin duda la flor del ciclamen. Claro que hablar de ciclamen es mencionar a una especie vegetal que engloba a un grupo heterogéneo de tubérculos con más de seiscientas variedades, las cuales presentan diferentes flores en tamaño: pequeño, mediano, grandes y gigantes. Además, si a esta diferencia de tamaños unimos que los colores de flor pueden llegar a alcanzar más de 150 tonos, las posibilidades de decoración en el jardín se hacen inmensas.

Ciclamen

El ciclamen o cyclamen es una planta de herbácea que normalmente se suele plantar en parterres por temporadas, pero que en realidad cabe la posibilidad de continuar con su presencia en espacios verdes. No es un bulbo, pero se puede propagar y conservar de forma parecida a éste. Ciclamen es un tubérculo, un tallo subterráneo que la naturaleza ha modificado y engrosado para acumular nutrientes de reserva para la planta. Lograr que el ciclamen dure más de un año una vez que ha perdido la vegetación, consiste en sacar el tubérculo del sustrato y guardarlo en un lugar seco, con poca luz, para volver a plantarlo en agosto.

Estrictamente no es cierto que sea una planta sólo de floración invernal y primaveral, pues al poseer tantas variedades, las hay también de floración veraniega y otoñal. La más cultivada en la Península Ibérica es Cyclamen persicum var. autumnalis, que es una variedad descubierta en Oriente Medio y que florece durante otoño. Parece que su introducción en Europa Central y el Norte de África se debió al uso que daban a la flor diversas órdenes religiosas para decorar altares y cementerios.

En España el ciclamen fue introducido por el jardinero origen Austriaco Rudolf Klobuznik que emigró en 1935 para trabajar como encargado en el Jardín de la Rosa en Madrid, uno de los pocos viveros de planta ornamental que funcionaba como tal en aquella época. Tras la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, Rudolf Klobuznik estableció su propia empresa de propagación de planta ornamental en Hoyo Manzanares también muy cerca de Madrid. Una vez que echó raíces en el país, pues se caso con una española con la que tuvo tres hijos, se dedicó al cultivo y propagación siempre en busca de prácticas de cultivo donde primaba la calidad final de la planta sobre el aumento desproporcionado de producción con riesgo a una falta de viabilidad vegetal. 

En el caso de Cyclamen persicum, Klobuznik en 1945 consiguió que soportara y se adaptara a los rigores de la climatología en la Península Ibérica mediante una mezcla de variedades. El resultado del esfuerzo del jardinero austriaco ha sido una planta que es ampliamente cultivada en muchos jardines y parques públicos en toda la geografía española.

Pero el ciclamen no solo se puede cultivar en parterres, también es una especie vegetal apta para plantar en macetas embelleciendo un patio o un balcón. Incluso es posible usarla como flor cortada.  Los cuidados que precisa son, primero, colocarla en un lugar con iluminación de semisombra, segundo, riego abundante de octubre a mayo esperando a que el sustrato se seque entre una aplicación de agua y la siguiente para evitar la asfixia radicular dejando el riego más moderado para la época de reposo (de mayo a septiembre) y, tercero, evitar la aparición del hongo patógeno de la Brotitis aireando bien la planta, no mojando nunca hojas y flores, así como, eliminando las partes afectadas cuando aparecen. Siguiendo estos cuidados, tendremos flor hermosa para noviembre.  

Cyclamen persicum. Ilustración de William Curtis
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