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19 de diciembre de 2017

En búsqueda y captura

Algunas plantas de jardín han entrado en una dinámica muy parecida a los prófugos de las películas. Se busca viva o muerta, podría ser un buen titulo para definir el estatus jardinero que posee hoy en día la hierba de la Pampa (Cortaderia selloana), que ha pasado de ser una de las pocas gramíneas que se plantaban de forma generalizada en parques y jardines, con protagonismo absoluto en medio de una pradera gracias a su densa panícula blanca, para acabar convertida en planta invasora de las más virulentas. En la actualidad es buscada para su completa erradicación.

Hierba de la Pampa (Cortaderia selloana)

Hay quién considera que muchas de las plantas que hoy en día son consideradas invasoras son producto de los jardineros que las han cultivado, pues les han proporcionado un lugar magnífico donde crecer y desarrollarse, echando a un lado a las plantas autóctonas. Y es que las plantas que pertenecen a la misma región climática, son susceptibles de colonizar cualquiera de estas regiones. En el caso del clima mediterráneo, que se distribuye en California, Chile, Sudáfrica, Sur de Australia y el propio Mediterráneo, son lugares donde las plantas pueden encontrar acomodo perfectamente en cualquiera de las otras zonas afines según el ambiente que les rodea.

Pero decir que el factor de la aparición de plantas invasoras se debe a la actividad de la jardinería, es posiblemente algo exagerado. El verdadero peligro ecológico con el establecimiento de poblaciones de plantas aloctonas, es el desconocimiento de las especies vegetales y la botánica por la que se rigen. Si en los viveros y garden centers se informa explícitamente a los compradores de los riesgos que conlleva comprar una planta exótica y si los jardineros que realizan nuevas plantaciones están bien formados, se evitarían muchos problemas de índole ecológica porque las plantas cultivadas se pueden controlar con los trabajos de jardinería. Claro está, previniendo antes de que se produzca la invasión.  

Al parecer la hierba de la Pampa cruzó el Atlántico procedente de Argentina, y con destino el norte de España, mezclada con granos de otras gramíneas para fines alimenticios en la década de 1940. El valor ornamental de aquel “plumero” blanco pronto se hizo extensible a los jardines y a las floristerías donde también era muy apreciada para arreglos florales. Pero la hierba de la Pampa encontró en la humedad ambiente y las temperaturas suaves, un excelente medio por el que propagarse a lugares donde no había sido invitada, poniendo en grave riesgo los ecosistemas que iba colonizando. En la actualidad, la hierba de la Pampa se encuentra incluida dentro del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y su venta está prohibida en el Península Ibérica.

El control de la hierba de la Pampa se puede realizar por varios medios. Lo principal es eliminar las panículas antes de que aparezcan, aunque existen varias formas de poner en práctica ésta labor siendo unas más respetuosas con el medioambiente que otras. El fuego es inútil, porque las raíces sobreviven bajo el suelo y pueden verse afectadas las plantas autóctonas cercanas. Es posible utilizar también un herbicida foliar para acabar con la Cortaderia selloana. Pero las formas más ecológicas para establecer un control sobre la hierba, es realizar siegas continuas y, sobre todo, el pastoreo con ganado antes del crecimiento del plumero para evitar la reproducción a través de semillas. 


    
Fuente imágenes: Pixabay       
          
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1 comentario:

  1. Antes la veia por todas partes, ahora cada vez menos y comparto tu punto de vista con buena iinformación no se cometen errores. Un saludo

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