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8 de marzo de 2018

Las alas de la Tipuana

En el arenero de párvulos de mi cole abundaban. En realidad estaban por todo el patio. Si, esas “cosas” que tiraban los enormes árboles que había y que junto a mis amigos lanzaba hacia el cielo para ver entre risas como volvían a caer girando como las hélices de un helicóptero. No era el único juego que nos proporcionaban los arboles. El que estaba más cercano al arenero era el hogar de una imaginaria familia de ardillas y, además, cuando más calor hacía (algo muy frecuente en mi ciudad), sus frondosas ramas verdes nos protegían de los rayos de sol.

Tipuana tipu
Ahora ya sé que aquellos árboles de mi infancia se llaman Tipuana tipu y que las “cosas” que tiraban era su semilla en forma de sámara. Las plantas, incluidos árboles, se clasifican según diversos tipos de propagación de sus frutos y semillas. Las Tipuanas posen una legumbre envuelta en una estructura leñosa y alargada en la zona superior que las asemeja a un barquito velero. Gracias a ésta “ala” pueden volar girando sobre sí mismas debido al impulso que les proporciona el viento, llamándose esta forma de propagación anemófila.

Es conocido también con el nombre común de Palo Rosa por el color rojizo que presenta la savia que produce, aunque yo casi siempre lo he oído llamar con el nombre de su género. Llegó a los jardines a finales del siglo XIX procedente de Suramérica y tuvo muy buena acogida como árbol de viario por su rápido crecimiento en áreas urbanas, su resistencia a la polución constituyendo un importante fijador de CO2 atmosférico y su copa globosa de hojas perennes que protegen de la radiación solar.

La floración del Palo Rosa se produce a principios de verano, y si he comentado que era muy divertido jugar de niño con las semillas, es justo que mencione lo espectacular que es la tupida floración de color amarillo que posee éste singular árbol. Las flores aparecen agrupadas en inflorescencia y, a medida que pasan los días, los pétalos se deprenden dejando un manto de color amarillo en el suelo que se extiende a los pies de la Tipuana.  

Es un árbol que puede llegar a alcanzar hasta los 30 metros de altura y posee una gran rusticidad, algo que le ha llevado a perder en la ciudad el aspecto globoso de su copa en detrimento de podas agresivas como los desmochados. Al margen de lo poco apropiadas  que me parecen éstas podas “cómodas” para el mantenimiento, también hay que señalar que la Tipuana tiene un aspecto negativo en lo que respecta a su cultivo en viario, pues sus raíces son muy agresivas y pueden causar daños a edificaciones cercanas y al pavimento.

Por desgracia, debido a las condiciones climatológicas tan adversas que se están produciendo estos últimos días, protagonizada por fuerte viento y precipitaciones copiosas, los árboles de ciudad están viendo comprometida su viabilidad. Esta misma mañana, mientras llevaba a mi hijo al colegio, he visto varias intervenciones de poda de ramas y apeo de árboles. Entre ellos, me he fijado especialmente en las Tipuanas y he recordado como jugaba con sus semillas en el patio del cole en mi niñez.

Me da mucha pena ver éstos gigantes derrotados en el suelo, rendidos completamente y sin opción alguna a volver a levantarse. Y es verdad que las podas inapropiadas de forma continuada han provocado que muchos no se encuentren en el mejor de los estados para afrontar una situación adversa, algo que siempre criticaré. Pero también hay que romper una lanza por las actuaciones de poda y apeo que se están ejecutando estos días. Si yo tuviera en estos momentos la responsabilidad de un Técnico del Ayuntamiento, haría exactamente lo mismo, prevendría el posible daño personal y material antes que el vegetal. Eso no quita, que hay que alzar la voz ante una serie de podas y prácticas culturales de poda que han provocado que el apeo sea excesivo. Si vamos a prevenir, empecemos por podar correctamente. 

Tipuana tipu con las semillas aún colgando de sus ramas
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