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5 de junio de 2018

El jardín horizontal


Con el paso de los años hemos podido constatar que los jardines verticales o muros verdes no son solo una moda pasajera y que cada vez son más los lugares que apuestan por las virtudes de este nuevo estilo de jardinería. Parece que muchos de los inconvenientes que aparecieron al inicio, se van superando. A pesar del coste elevado de instalación y mantenimiento hay un retorno de la inversión con beneficios, las especies vegetales que se utilizan para teñir las paredes de verde se encuentran adaptadas para vivir en esas condiciones particulares y los jardines verticales siempre han despertado el interés de la ciudadanía.

Enebro a los pies de la muralla del castillo de Niebla

Incluso aunque la jardinería se ha caracterizado habitualmente por diseñarse en horizontal, la inmensa mayoría de las plantas crecen y se desarrollan en vertical. El tronco de los árboles, las yemas apicales de los arbustos, las praderas de gramíneas, las flores de temporada,…, desde la germinación van siguiendo el camino que les marca la luz del sol, es decir, hacia arriba. No obstante, hay algunas plantas que llevan la contraria a la dirección que les impone el sol y, rebeldes a los designios del astro rey, se desarrollan en horizontal, lo cual desde el punto de vista del diseño de jardines podemos utilizar en determinadas situaciones o para crear efectos discordantes.

El enebro horizontal (Juniperus horizontalis), es una conífera de la familia de los cipreses que tiene la particularidad de que sus ramas salen desde el suelo arrastrándose y, las siguientes ramas, vuelven a salir de las anteriores siempre a ras del suelo. Como conífera que es, sus hojas en forma de escamas no caen al suelo, pero sí que cambian de coloración en el trascurso del año. En los meses cálidos las hojas son de un color verde grisáceo, mientras que en los meses gélidos presentan cierta coloración purpura. Originario de Norteamérica, el enebro horizontal se ha colado como planta ornamental en multitud de parques y jardines que abarcan desde la costa hasta altitudes de mil metros.

¿Cuándo necesitamos en el jardín una planta que crece horizontalmente? Son varias las respuestas que podemos obtener a esta pregunta. Una posibilidad es utilizar un enebro horizontal cuando tengamos una superficie amplia que queramos cubrir y no queremos abusar únicamente de la pradera o del mulch. Gracias a reducir la pradera, nuestras necesidades hídricas serán menores pero tampoco renunciamos a tener un espacio vegetado.

Romper con la monotonía visual de las plantas que crecen en vertical es otro de los usos que podemos atribuir al enebro horizontal. No todo tiene que crecer en un único sentido y de esta forma realizamos un punto de ruptura en el diseño del jardín. El enebro horizontal nos ayuda provocando un efecto de distorsión que evita que el paisaje creado  pueda llegar a resultar aburrido.

Otras veces, utilizamos una arboleda o ciertos arbustos para crear una pantalla visual que oculte el interior del jardín de miradas incomodas, del ruido externo e, incluso, de la polución procedente del tráfico. Pero en determinadas ocasiones, queremos integrar el paisaje exterior del jardín pero sin renunciar a poseer una vegetación abundante en los límites. Pues es en estos casos en el que un arbusto como el enebro horizontal nos proporciona esta mimetización del jardín con el exterior que lo rodea, sirviendo de nexo de unión entre el paisaje creado y el paisaje natural. 
 
Enebro horizontal
  
           
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