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19 de junio de 2018

Y de repente verano

Entiendo que con la llegada de las fechas tenga que haber una determinada climatológica, lo que  me parece curioso (por no decir preocupante), es que no exista una transición progresiva entre una estación y la siguiente. En Sevilla hemos pasado de un inverno cálido que no terminaba, a un verano de improviso que nos ha pillado despistados. Entre los seres vivos que tienen que adaptarse a los rigores del cambio climático se encuentran, efectivamente, las plantas de nuestro jardín.  

Riego con difusor al anochecer 

Las plantas llevan habitando la tierra muchos millones de años a la aparición del ser humano. Han soportado la separación de continentes, cambios en la composición atmosférica, caída de meteoritos o glaciaciones, y ahora tienen que volver adaptarse a un cambio presuntamente rápido y, de paso, garantizar nuestra propia subsistencia. Algunas ya portan con esa característica que las hace diferentes y evolucionaran, la mayoría desaparecerán irrecuperablemente. 
    
Para hacer posible este descomunal proceso de adaptación podemos ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, y preparar nuestro jardín o las plantas que tenemos en macetas a la llegada de este verano improvisado. Deberemos tener muy presente cuales son las necesidades hídricas de cada especie, pues no todas las plantas tienen los mismos requerimientos de agua.

Las plantas se agrupan normalmente en tres grupos de necesidades: Plantas de altas necesidades, plantas de necesidades intermedias y plantas xerofitas o de baja necesidad hídrica. Es importante conocer este dato de las plantas que cultivamos por dos motivos; el primero, porque el agua es un bien escaso que hay que cuidar, el segundo motivo, tanto el defecto como el exceso de agua puede ser perjudicial para los vegetales pues poca agua haría que la planta se marchite y el exceso hará que las raíces mueran por asfixia radicular. A modo muy generalizado, las plantas siempre deben tener el sustrato húmedo, lo suficiente que sea capaz de detectar nuestro sentido del tacto al palpar con la mano. Obviamente, las cactáceas y crasas necesitan poca agua y una pradera de céspedes necesitará mucha agua. 
  
Proporcionar la cantidad de agua necesaria a cada planta es complicado y muchas veces será la observación lo que nos determine qué requiere cada planta en particular. También habrá que probar e ir desechando lo que no funciona en detrimento de medidas que tomemos y que detectemos una respuesta positiva en las plantas. Veremos que aunque sean la misma especie vegetal, una única planta como un único individuo, puede llegar a tener un comportamiento diferente según el lugar donde se cultive, independientemente de si son dos lugares muy cercanos ya que pueden estar sometidas a una exposición solar diferente, a una corriente de aire distinta, a un terreno de composición arcillosa donde se retiene más agua, etc.

Para hacer más eficiente el riego, debemos contar con un sistema de goteo para arbustos y árboles, así como, de un sistema de difusores para praderas de superficie pequeña o un sistema de aspersores para elevadas superficies de céspedes. Un programador de riego nos facilitará el riego al poder establecer con mayor precisión la cantidad agua que necesitan las plantas y realizar la programación en las horas idóneas de riego en verano. Lo mejor es sin duda regar al atardecer para evitar que el agua de riego se pierda por evaporación durante las horas del día más soleadas. 
           
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