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12 de junio de 2013

ARRAYAN O MIRTO: ENCANTOS QUE ARREBATAN LOS CORAZONES


Siempre que paso por un jardín con una masa de arbustiva de mirto (Myrtus communis) no puedo evitar pasar la mano, acariciar suavemente las hojas e impregnarme de ese olor con cierto parecido a limón que me deja. Desde la antigüedad, en Grecia y Roma, el mirto se ha relacionado con la diosa afrodita y con el amor. No sé si será amor lo que siento por este arbusto mediterráneo, pero sin duda es un arbusto que con su olor especial ha dejado en mí una huella emocional que no es fácil de borrar.

Jardín rico y un huerto verde de belleza resplandeciente, encantos que arrebatan los corazones y colman al que está cerca y al que está lejos: arboles que nacen al instante, arrayanes que esparcen su perfume, agua que corre por doquier.

–Ibn Ahmad

Poeta 
Seto de Arrayán
El nombre de arrayán, en cambio, proviene del árabe Ar-Rayhan o Rihan o, lo que es lo mismo el aromático. Y es que el arrayán es uno de los arbustos mediterráneos que siempre se encuentran presentes en el jardín hispano-árabe.

La importancia del arrayán en el jardín de los sentidos o huerto de placer árabe, es precisamente que es una planta que se integra perfectamente con la idea de jardín emocional o de los sentidos. Los seres humanos somos emocionales, sentimos y lo primero que percibimos por los sentidos es aquello que nos queda grabado en la memoria.

El olfato es uno de los sentidos más poderosos… y más antiguo que la vista, por eso tal vez el arrayan y su olor se hayan guardado con fuerza en un rincón de mi mente, y me evoquen al huerto de placer de la Buhaira y el Alcázar de Sevilla, donde reyes crueles a la par que poetas, se inspiraban para componer su mejor prosa.

Entre las cautivadoras características botánicas del mirto para griegos, romanos y árabes, se encuentra el intenso color verde de sus hojas ovaladas –realmente son ovatolanceoladas es decir, que comienzan en la base siendo ovaladas y terminan en punta-,  dispuestas de forma opuestas.

Las flores son pequeñas y de color blanco –mi color preferido de las flores en el diseño de un jardín-, muy olorosas como el resto de la planta. Los frutos son unas pequeñas bayas de color azul marino comestibles, por eso es frecuente ver algún pájaro picoteando entre las ramas del arrayán en el otoño.

En cuanto a los usos paisajísticos, el arrayán ha sido utilizado tradicionalmente como seto de borduras, ya que permite el corte con formas geométricas, aunque también lo podemos encontrar aislado o formando grupos arbustivos.

Su capacidad para formas figuras en la poda permite que sea utilizado incluso para realizar bonsáis. En lo referente a la poda, lo ideal es realizarla al final del verano tras la floración, o en invierno durante la parada vegetativa de la planta.

Es importante recordar que es un arbusto de origen mediterráneo adaptado a climas suaves. Aunque es conveniente aportar una dosis adecuada de agua a las necesidades hídricas de la planta, tolera la sequía. Lo ideal es espaciar adecuadamente la frecuencia de riego.

El mirto o arrayán es una planta cautivadora. Griegos, romanos y árabes han sucumbido ante la fragancia de sus hojas, flores y frutos. Han quedado hechizados ante el intenso color verde de sus hojas. Buenos motivos para incorporarlo a tu jardín, ¿no te parece? 

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