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17 de agosto de 2017

Solo veo jardines

A pesar de que uno trata de tomarse las vacaciones como lo que tienen que ser, un período para desconectar, descansar, viajar y conocer lugares nuevos, realizar gestiones que durante el año habitualmente no tienes tiempo, reflexionar,…, lo cierto es que por desagracia (o por suerte), al final siempre me acaba atrayendo una flor, un árbol curioso, un patio con espesa vegetación o me acerco a visitar algún espacio verde. Lo cierto es que al final, donde quiera que mire, siempre imagino una historia para contar, siempre veo jardines.

Jardines del Palacio de Orleans y Borbón

A estas alturas de agosto llevo más de un mes sin ponerme a escribir absolutamente nada para el blog. Dejando de un lado las redes sociales a las que si he estado prestando algo de atención, en especial instagram donde he publicado numerosas fotografías con el hashtag #jardindeverano, y éstas las he unido a facebook y twitter, no he estado muy productivo con los que nutrir Jardines Que Me Gustan de nuevos artículos. Por un lado, porque soy un animal (en todos los sentidos) de costumbres y me cuesta mucho no escribir delante de mi ordenador, con mi teclado y mis páginas de Word perfectamente maquetadas para pasar después a la web o blog que lo requiera. Por otro lado, porque a mediados de julio perdí la mitad de mi juicio, en concreto el que me conferían el par de muelas que se encontraban alojadas en el lado derecho de mi mandíbula desde que tenía la edad suficiente para comenzar a ser un hombrecito ¿sensato? y maduro. Un asunto que llevaba coleando desde hace ya diez años y que, finalmente, en un arranque de valor he decido acometer sin más dilación…. No es que fuese una operación quirúrgica muy compleja, ni dolorosa, pero si algo molesta y desagradable a ratos las tres semanas entre operación, cuidados, antibióticos, ibuprofeno, quitar puntos y más cuidados. Como la verdad es que no me apetecía mucho ponerme delante del ordenador, pues ya de por si estaban siendo unas vacaciones lo suficientemente incomodas, el tiempo que tenía he preferido estar junto a mi familia e ir a la playa, que para eso me gusta el mar como a un bacalao. No obstante, una cosa es la apatía de mis dedos para teclear en un ordenador y otra muy diferente es mi insurgente imaginación. Aunque no escribiera, mi cabeza siempre ha estado en plena ebullición en estos días de teórica desconexión y no he podido evitar ir estableciendo una especie de diario mental de todo lo verde que me llamaba la atención y que fuera constituyendo un artículo digno de ser escrito.

Ahora estoy aquí de nuevo, frente al ordenador, con MIS páginas de Word como me gusta, contando una alocada historia de vacaciones, apatía, muelas de menos, bacalaos, mi mente febril imaginando un mundo verde y… ¿qué ocurre con los jardines? Pues me voy a meter de lleno en uno para ir iniciando temporada jardinera y que he visitado estas vacaciones. Ya escribí en una ocasión sobre los Jardines del Palacio de Orleans y Borbón, actual ubicación del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda en Cádiz. Solo con echar un vistazo a las imágines, es fácil entender que realizar escapadas a dicho lugar cuando se tiene la oportunidad no es ninguna locura. Los jardines en esencia conservan algo de los inicios de los Jardines del Palacio de San Telmo y, con algo más de visión paisajista, conservan la idea que inspiró el Parque de María Luisa en Sevilla. Claro está, que tanto el palacio gaditano como el palacio sevillano pertenecían a los mismos propietarios, los Montpensier, y parece acertado afirmar que fue Lecolant, un paisajista francés, el que concibió ambos espacios verdes como un lugar dotado de caminos serpenteantes, pérgolas floridas, cenadores, túneles de verdor y mucha vegetación que ocultase convenientemente algunos rincones y diera rienda suelta al estilo romántico de diseño que se imponía en aquella época. Con todo, fue el tiempo y las modas los encargados de ir distanciando a estos jardines sureños, porque tengo muy claro que los inmensos Dragos que hay en el jardín de Sanlúcar no los hay en Sevilla. Dragos que son la resulta del jardín botánico de aclimatación que hubo en la localidad gaditana. Los jardines singuen más o menos igual desde que el Palacio se convirtiera en Ayuntamiento y fueran restaurados, excepto por lo que parece el inicio de un… ¡jardín japonés! Así es, tras la fuente barroca, perfectamente rectangular, adornadas con numerosos tiestos (así llamamos a macetas o contenedores de plantas en mi tierra), había una explanada de albero que ha sido delimitada con una valla de bambú y en las que hay unos pórticos de madera de estilo oriental. En el suelo se ha extendido grava de color blanco (dudo que se pase el rastrillo como en los jardines zen) y hay un sendero de piedras por la que asoma la hierba. Habrá que seguir la evolución de este jardín japonés por si llegara a ser algo más ambicioso. Para ir finalizado, decir que la dirección del jardín es Cuesta de Belén, 1, 11540 Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). El ascenso es dificultoso porque es por una cuesta con escaleras, difícil para subir con cochecitos de niños por ejemplo. La entrada es libre en horario de 8:00 a 13:30 de lunes a viernes. Son muy estrictos con la hora de cierre del jardín, así que aconsejo ir con tiempo para visitarlo (mínimo un par de horas para recorrerlo entero). Yo me quedé encerrado y hubo que sufrir un poco para encontrar a alguien que abriera el candado de la verja. Al final escapé y aquí me tenéis un mes después de dejar de escribir, entero y… bueno, entero no, que me faltan dos muelas.

Jardines japonés








                                              
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