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29 de marzo de 2017

Un parque de interés cultural

Febrero de 2016 no fue el año más frio de la Península Ibérica. Es más, todo el invierno fue extremamente caluroso, las cotas para localizar la nieve fue muy elevada y muchas estaciones de esquí se quedaron sin teñir de blanco. No obstante, era invierno con todo lo que ello conlleva, así que algo de frio y agua cayó los días 11 y 12 del mes,… aunque no durante el Seminario de Jardines Históricos que se celebró en el Museo Ruso de San Petersburgo de Málaga. La meteorología es extremadamente benevolente con la ciudad andaluza y por este motivo se pudo disfrutar plácidamente del ambiente tropical característico de la zona, la misma, que hace posible el cultivo de frutales propios de lejanas latitudes. Un par de días ideales para, a la menor oportunidad, sentarse en la arena y dejarse embelesar contemplando el Mediterráneo. 

El Parque de Málaga

Obviamente, la vegetación acompaña en este buen estado del clima, así que el Parque de Málaga lucía con espectacular belleza aquel febrero. Los claros y las nubes se alternaban dejando pasar, unas veces radiantes otras veces tenues, los rayos de sol entre árboles, palmeras y plataneras (Musa paradisiaca). Algunas Aves del Paraíso e Hibiscos estaban en flor, así como, la Dimorphoteca plantada en temporada. Claro que la Bignonia de Invierno (Pyrostagia venusta), tampoco se quedaba atrás floreciendo en miles de pequeñas llamas que surgían de lianas verdes. Las Hojas de Sangre (Iresine herbstii), hacían honor a su nombre pues a los pies de los Cocos Plumosos (Syagrus romanzoffianum), la tenue luz que se colaba entre las palmas conferían el aspecto de una tierra que sangraba, carmesí, cubriendo toda la superficie del parterre. Este espectáculo vegetal, lleva produciéndose desde hace más de un siglo, desde que el malagueño Antonio Cánovas del Castillo firmó un decreto en 1896 que obligaba a las autoridades del aledaño Puerto a realizar una cesión de los terrenos que conforman el Parque para construir un espacio verde. Unos jardines que acabarían convirtiéndose en el umbral de los barcos que arribaban hasta Málaga. El proyecto final del parque público correspondió a Joaquín Rucoba y Tomás Brioso. En 1897 plantean el espacio al igual que un jardín botánico, como una colección de especies vegetales, las cuales fueron traídas desde las zonas tropicales del mundo. Y hace tan solo diez años, el Parque de Málaga sufrió su última remodelación acometiendo obras de mejora en accesos, paseos y pequeñas plazas de descanso. También se realizó una intervención sobre las plantas, de la cual, lo más controvertido fue la eliminación de los Plátanos de Sombra por encontrarse podridos y ser sustituidos por Almeces que, siendo otra especie arbórea, mantenía el planteamiento original de crear en la avenida principal un paseo donde conviviesen arboles de hoja caduca y palmeras. El Parque de Málaga se ha puesto “guapo” y es por un motivo, su inclusión dentro del selecto grupo de Bien de Interés Cultural (BIC). Se da una paradoja con respecto a los jardines que pretenden estar protegidos por un reconocimiento legal, pues la mayoría de los espacios verdes históricos alcanzan la figura por encontrarse asociados a alguna otra infraestructura, no por el jardín en sí. En fin, la propuesta a la Junta de Andalucía para la inclusión del Parque de Málaga como BIC está hecha y solo queda la espera hasta el reconocimiento oficial como parque de interés cultural. En mi caso, de manera unilateral y personal, ya le guardo la mayor de las consideraciones. 

Dimorphoteca

Hojas de Sangre (Iresine herbstii) y Cocos Plumosos (Syagrus romanzoffianum)



Bignonia de Invierno (Pyrostagia venusta)


                  

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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

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