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12 de marzo de 2015

Florece en la dehesa

Mi última salida en busca de naturaleza y aire puro fue hace unos días. Me trasladé a un parque periurbano muy cerca del Parque Nacional de Doñana y gestionado por la Junta de Andalucía, la Dehesa de Abajo, situado en término municipal de la Puebla del Rio. Un santuario de aves, en especial de cigüeñas que anidan en multitud, y sobre todo un lugar idóneo para los amantes de la fotografía de naturaleza.

Flor de gamoncillo (Asphodelus fistulosus

Allí, en medio del campo, florecían gran cantidad de gamoncillos (Asphodelus fistulosus) también llamada Varica de San José, un nombre muy apropiado pues la floración de esta herbácea perenne coincide en el tiempo con el Día del Padre. Es fácil reconocer la flor en forma de estrella de seis puntas, roto el pétalo por una línea marrón que lo recorre desde el inicio hasta la punta.

Originaria de la región mediterránea, es curioso que en Estados Unidos, en la costa californiana, sea una planta invasora. Lo que para nosotros es el anuncio de la primavera, para otros puede ser un horror en forma planta que compite con cultivos por los nutrientes. La invasión es debida a que el clima mediterráneo no es exclusivo de la tierra bañada por el mar que le da su nombre. Existen cuatro lugares más donde se encuentra localizada esta región climática, concretamente en  determinadas zonas de Chile, Australia, Suráfrica y la mencionada costa californiana. Las plantas de cualquiera de estos lugares son susceptibles de invadir las otras.

Otras invasoras, en este caso de las flores de gamoncillo en la Dehesa de Abajo, eran las abejas melíferas. Muy mermadas en los últimos tiempos pues han reducido su población hasta en un 40% por el uso de productos de tipo neurotóxico, que afectan a los sistemas de orientación de las abejas, haciéndolas incapaces de encontrar el camino de regreso a las colmenas.

Las abejas, como todos los insectos, dividen su cuerpo en tres partes: cabeza, tórax y abdomen. Los vellos que recorren estas zonas, incluidas patas, se cargan eléctricamente creando una  adherencia magnética que hace que  las partículas de polen se peguen a su cuerpo para que sean trasportadas hasta otras flores realizando así la polinización tan importante en jardinería y agricultura, pues sin esta sería imposible la floración y fructificación de las plantas. 
   
El proceso que provoca la confusión de las abejas y en el que intervienen los insecticidas neurotóxicos, consiste en crear una discrepancia en las partículas químicas que llegan hasta las antenas, órgano que equivale al olfato. Afectado el sistema de orientación, las abejas se ven incapaces de reconocer las flores que van a polinizar o encontrar el camino de vuelta a la colmena.

Es por esto que si deseamos cumplir nuevas primaveras, si queremos volver a recontarnos en la naturaleza con flores como la del gamoncillo u otras muchas, tendremos que poner los medios para proteger a insectos tan importantes para la vida en la tierra. Solo de esta forma podremos seguir disfrutando de un día al sol donde sobrevuelan las cigüeñas, junto a plantas que florecen en la dehesa.

Abeja polinizando en la flor de gamoncillo. 

Abeja polinizando en la flor de gamoncillo. 
    
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