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24 de enero de 2017

Monet y los jardines

No hay mejor interpretación de un jardín que aquella que nos traslada quién los disfruta cada día, pero si además ese alguien convierte el paisaje, cada momento, aquel rincón o este detalle en arte, el resultado es sublime. Muchas de las imágenes que tenemos guardadas en nuestra retina colectiva de los Jardines de Claude Monet en Giverny (Francia), son de unos nenúfares flotando en un lago como si ninguna  mano de hombre las hubiera puesto allí, un puente de estilo japonés sobre el mismo lago que refleja la abundante vegetación, las hojas y ramas de los sauces cayendo a borbotones en una cascada de color verde,…. Imágenes que no tienen nada que ver con la impresión en papel fotográfico, más bien están relacionadas con trazos de pincel distribuidos hábilmente sobre un lienzo en blanco.

Nenúfares y puente japonés - Monet

Como si de un recóndito lugar mágico que hubiéramos sacado de algún cuento para niños, junto a los ríos Sena y Epte, encontramos Giverny, una propiedad con casa y huerto que inicialmente se llamaba “Le Pressoir” y que el maestro del Impresionismo Claude Monet alquiló en 1883, adquiriéndola en propiedad en 1890. Tres años después, el pintor compró el terreno anexo a la vivienda y que poseía una extensión de 15 hectáreas. Posteriormente, haciendo gala de esmero y paciencia, fue creando un hermoso jardín al estilo inglés que  plagó de más de un centenar de especies de flores y árboles exóticos para, finalmente, completarlo con canales y un lago asimétrico con agua procedente del rio Epte. Aquella lámina de agua, a la postre, acabaría convirtiéndose en toda una atracción, pues acaparó una fama inusitada gracias a las pinturas que realizó el artista de los nenúfares que flotaban mansamente sobre sus tranquilas aguas. Aquellos espacios vivos, constituyeron al perfecto nexo de unión entre el arte y el jardín y, durante los más de cuarenta años en los que Monet vivió y trabajó allí, el paisaje que había creado se convirtió en una obsesión que creció, capturando con su pincel espacios sin cielos ni horizontes y donde la luz fue el referente sobre el cual giró toda su obra pictórica. Los Jardines de Giverny no fueron para uso exclusivo de la genialidad de Claude Monet, pues otros formidables pintores se dieron cita en aquellos jardines como Degas, Sisley, Renoir, Cèzanne, Matisse o Pisasarro, artista este último del cual hablé en un post sobre el arbolado de París y que publiqué en el blog. Pero saliendo de las calles de París y volviendo al Jardín de Monet, tras la muerte del artista impresionista en 1926, la propiedad fue cayendo en el desuso hasta que  después de años de abandono, en 1980 se crea la Fundación Claude Monet encargada de restaurar la propiedad tal y como había sido en la época en que el artista vivía en ella. Hoy en día la casa y los jardines se abren al público a principios de primavera, cerrándose solo durante el invierno, aunque seguro que aún sin poderlos disfrutar en esta época, deben de generar una estampa magnifica. Toda la propiedad es tranquilidad y placidez, siendo en la actualidad el segundo lugar más visitado de Normandía. Pasear entre las altas cañas de bambú, los lirios y azucenas, las dalias, contemplar los sauces llorones y los nenúfares mecerse en las sosegadas aguas, es entrar en los mismísimos óleos de Monet para dejarse trasportar por el trazo de su pincel descubriendo la intimidad existente entre el pintor y sus jardines. 

Agapantos - Monet

Túnel de rosal en Giverny - Monet

Nenúfares sobre el lago y Sauce Llorón - Monet

Sauce Llorón - Monet

Nenúfares - Monet
           
Fuente imágenes: Wikimediacommons 
    
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Gracias por perder unos minutos de tu tiempo leyendo este post.

4 comentarios:

  1. Sin duda un jardín que me gustaría visitar. Gracias por hablarnos de él.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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