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6 de junio de 2017

Cuando la alergia solo te permite disfrutar del jardín a través de un monitor

Es usted alérgico al polen de olivo. Aquel diagnostico me dejó en estado de shock durante unos segundos. Con veintidós años, a falta de presentar el proyecto fin de carrera para finalizar mis estudios como Ingeniero Técnico Agrícola, soltado así de pronto, más que un diagnóstico me pareció una condena. Pero… estoy estudiando para Perito Agrícola… Gemí ante el alergólogo torpe y lastimosamente pasada la conmoción inicial. Pues es lo que tienes y no se puede cambiar. Te prescribo lo que te tienes que tomar en caso de que los síntomas se vuelvan más persistentes. Y de esta sutil forma, me despachó de la consulta. 

Un olivo podado en plan bonsai. Uno de los que contribuyen a mi alergia durante un par de semanas al año.
En aquella época me encontraba realizando prácticas de becario en el Laboratorio de Sanidad Vegetal de Sevilla estudiando la plaga del Prays del Olivo, un lepidóptero cuya larva se come entre otras cosas, las flores del olivo. Después de recoger las muestras para el estudio de investigación que se estaba realizando, mi función consistía en pasar horas mirando a través de una lupa al Prays, contar las flores que estaban afectadas, cuales no y apuntar los datos para establecer un parámetro estadístico que permitiese descubrir que grado de ataque de la plaga es el indicado para plantearse un tratamiento que fuese eficiente con respecto a la relación número de larvas y daño real que afecte a la producción. Esto se conoce en agricultura como lucha integrada y consiste en realizar tratamiento únicamente cuando se sobrepase un umbral de tolerancia que haga rentable económicamente la aplicación con productos.

Por supuesto, al pasar tanto tiempo expuesto al polen de los olivos, la concentración de alérgenos fue tal, que me costó dios y ayuda terminar de contar todas las larvas de Prays entre estornudos, tos y ojos rojísimos. Como la alergia solo me dura un par de semanas al año durante la floración, también como me pasé de la agricultura a la jardinería y, con ayuda de los antihistamínicos, puedo sobrellevar la alergia bien y aquel disgusto inicial es tan solo un recuerdo. Únicamente en una ocasión, ya estaba casado y era padre, tuve que ir a las tres de la madrugada a la farmacia de guardia porque me era imposible dormir con los síntomas de la alergia. Pero aparte de ese par de semanas, el resto del año no tengo problemas para deambular por campos, parques y jardines, estos últimos, que si bien no acumulan tal cantidad de una misma especie cultivada, se unen a sus familiares agrícolas haciendo que aumenten desproporcionadamente la cantidad de alérgenos en el aire. El proceso de la alergia se produce al respirarlos, pues los glóbulos blancos de nuestra sangre fabrican un antídoto para combatirlos llamado histamina que provoca los síntomas respiratorios conocidos por todos: dificultad para respirar, tos, estornudos, etc.  

Este fenómeno de la alergia, ha provocado que muchos ayuntamientos prohíban la plantación en parques y jardines públicos de especies que contribuyen a producirla. Por ejemplo el plátano de sombra (Platanus x hispanica) un árbol de viario muy frecuente en las calles o el aligustre (Ligustrum japonica), que es de la familia Oleaceae, es decir, del olivo ¿Cómo se puede combatir la alergia en las zonas verdes de las ciudades? La respuesta está en aumentar la biodiversidad de las especies que plantamos en las calles, parques y jardines públicos. La realidad es que, a pesar de que en la naturaleza existe una gran variedad de especies vegetales, las que cultivamos tanto ornamental como productivas son muy poquitas. De esta forma estamos rompiendo el equilibrio natural, favoreciendo unas especies en detrimento de otras. El caso de las especies arbóreas es quizás el más llamativo, pues la diversidad de los arboles urbanos no es muy amplia, como mucho se pueden contar con unas aproximadamente 20 especies distintas.

La baja diversidad entre las especies vegetales urbanitas, además de alergias, provoca la proliferación de plagas y enfermedades que encuentran siempre el huésped idóneo en unas plantas que no cambian y que se encuentran interconectadas. El paisaje, la naturaleza, es el camino. Un ejemplo del que debemos extraer la enseñanza de crear ciudades con una enorme diversidad verde, para que en el futuro no existan alergias que permitan disfrutar de un jardín solo a través de la pantalla de un monitor.  

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