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13 de diciembre de 2017

El otoño de la morera

Encontrar un árbol en Sevilla que muestre una idílica estampa otoñal es una empresa harto complicada. Aislados si, mezclados con los típicos colores verdes de fondo, como la Gleditsia triacanthos por ejemplo, pero otros como la Melia azedarach o la Jacaranda mimosifolia, aunque se plantan en viario, dejan resultados poco llamativos. La melia porque deja muchas “claras” en la copa junto a frutos e, incluso, con flores. La jacaranda porque echa las hojas de repente, sin cambiar de color ni nada, durante dos o tres semanas en febrero y luego las vuelve a recuperar. Tal vez, sea el plátano de sombra (Platanus x hybrida) el que mejor luzca en viario el otoño, pero el color pardo de sus hojas no resalta tanto como el amarillo brillante de la morera.  

Morera en los Jardines de la Buhaira

Morus alba y Morus nigra, son las dos especies más comúnmente plantadas en parques y jardines en España. En Sevilla, hay una arboleda de morera en Los Jardines de la Buhaira que al llegar el otoño deja una cúpula amarilla realmente espectacular. Además, los árboles se van tomando su tiempo en ir tornando las hojas de color verde a amarillo y las hojas no se desprenden rápidamente pues permanecen con ese color durante varias semanas en el árbol.

Este conjunto de dos jardines, que se encuentra partido por la Avenida de la Buhaira, lejos de lo que pueda parecer, no es un jardín de origen árabe. De hecho, lo único antiguo que conserva es una alberca, el resto es una recreación de jardín hispano-árabe que se construyó en la década de los 90’s del siglo pasado. Se incluyeron estanques alargados, fuentes de estilo neomudéjar, paseos bajo olivos, una plantación de naranjos, palmeras del género phoenix, mucho seto de mirto en los parterres y otros tantos setos de rosal floribunda como evocación del antiguo rosal silvestre (Rosa canina) que se plantaba en época musulmana.

Desafortunadamente, uno de los espacios más emblemáticos desde el punto de vista paisajístico que poseían los Jardines de la Buhaira, ha desaparecido y, después de muchos años, no parece que vaya a ser recuperado. Se trataba de un arriate (los ingleses lo llamarían border mix), plantado con numerosas aromáticas de las que tan solo queda alguna salvia olvidada.

Sin embargo, las moreras continúan en pie creando ese túnel de verdor tan refrescante en verano y tan colorido en otoño. A mí siempre ha sido un árbol que me ha gustado mucho por la sombra tan tupida que produce. Eso sin hablar de los ricas que están las moras en primavera, aunque esto último es cada vez menos frecuente porque se está plantando mucho la variedad Morus alba ‘fruitless’  que no posee frutos y ahorra costes de mantenimiento. Las moreras de la ciudad que aún dan frutos, cada vez que tengo la oportunidad las voy “recolectando” y me las como para asombro de muchos viandantes y como gentil colaboración con el Servicio de Parques y Jardines.

Las moreras del Jardín de la Buhaira, no dan frutos pero proporcionan un enorme valor ornamental al jardín. La cúpula, que estos días se ha vuelto amarilla, no es muy alta, pues las moreras son árboles que no alcanzan mucha altura. Puede que su cultivo implique realizar una mayor labor de mantenimiento, pero su presencia en un jardín está más que justificada por las excepcionales virtudes paisajísticas y agronómicas que atesora.


  
           
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